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viernes, 30 de diciembre de 2016

Odio público

Desde hace unos días las pintadas habituales a favor de los presos de ETA en distintos barrios de Pamplona han sido sustituidas por mensajes que de forma directa  exaltan la violencia del grupo terrorista. Estos mensajes consisten en anagramas de ETA, hachas y serpientes, y goras a la banda. 

Se da la circunstancia de que una de las pintadas se encuentra en la calle Santesteban de la Chantrea debajo de la casa de Joxe Martín Abaurrea San Juan, concejal en el Ayuntamiento de Pamplona. No se trata de un graffiti inofensivo, sino de una exaltación del aparato militar de ETA. Los carlistas de Navarra pedimos la dimisión de Joxe Abaurrea, pues consideramos que si no es capaz de mantener limpio su propio barrio tampoco está capacitado para servir a sus vecinos desde la concejalía de Ciudad Habitable y Vivienda.


Los Carlistas de Navarra denunciamos también que, en paralelo a la propaganda de odio, el Ayuntamiento de Pamplona colabora en la organización de eventos culturales que incitan al odio ideológico en nuestros barrios. Es el caso del concierto del 29 de diciembre organizado en la plaza Ezkaba de la Chantrea. En el cartel figuran la banda anarquista Emaiok, y la banda Desperdizio, que participó en la campaña #AltsasukoakAske a favor de los detenidos por agredir a dos guardiasciviles, y sus parejas, en la localidad navarra de Alsasua.

Mientras pequeños grupos vinculados a ideologías siembran el odio en los barrios de Pamplona, los vecinos de la ciudad celebran la Navidad. Los carlistas deseamos que la inocencia del Niño que nace en Belén vuelva a reinar en los barrios de Pamplona y nuestras calles dejen de ser frentes de batalla.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Izquierda-Ezkerra pide la revisión de los contenidos del Museo del Carlismo

Los carlistas somos célebres porque siempre hemos preferido los reyes de carne y hueso a los títeres de madera de ocume. Esta sencilla lealtad nos invita a mirar con mucha reticencia el Museo del Carlismo de Estella. No se nos escapa que entre las intenciones de este museo puede encontrarse la de disecarnos a todos y meternos en vitrinas: ¿Acaso no es propiedad del Gobierno? En realidad, preferiríamos que se enfocaran sus recursos hacia la investigación. 

Sin embargo, el Museo ahí está, y en estos últimos días el partido Izquierda-Ezkerra lo ha aprovechado para esconder su incapacidad de resolver problemas y construir sociedad. Nosotros no hemos querido dejar pasar la circunstancia para hacer una propuesta cultural y hemos enviado una nota a los medios de comunicación.


lunes, 24 de octubre de 2016

El coronel del Tercio de Don Quijote


“Muchos son los que han llegado al Carlismo por esa vía, preponderantemente emocional, de la tradición familiar, al heredar como la más preciada reliquia de su sangre una vieja boina o un desteñido escapulario, cuando no un herrumbroso fusil; y este es un camino claramente emocional. Muchos son también los que han entrado en Comunión con sus hermanos en fe carlista guiados por una intuición, un impulso, una admiración cordial, no demasiado razonada al principio, hacia las maneras de ser, hacia la reciedumbre humana, hacia lo anecdótico o folklórico, valga la expresión, del bronco y viril Carlismo Hispano; hacia su aroma de lealtad, hacia su leyenda de valentía, hacia su fama de desinterés acerca de los bienes terrenales o del poder cuya adquisición exija componendas o simplemente pérdida de esa elegancia que es casi siempre la epidermis que recubre la rectitud sin ocultarla. Y quizá estos sean los más fieles y arriscados reclutas de la Tradición.

Entre todos los Tercios con nombre de batalla o Virgen, entre esas columnas de soldados que a veces, en las noches de niebla, creemos muchos oír todavía a nuestro alrededor como un rumor confuso de cantos y de pasos, de rechinar de correajes y golpeteo metálico de cartuchos y machetes que nos sobrecoge y nos transporta a las más altas emociones de los lejanos 18 años, marcha todavía y siempre, como marchó entonces, un Tercio de Requetés que bien pudiera llevar, para vestir su difuso anonimato, el nombre de “Tercio de Don Quijote”. En él marchan los que se escaparon de casa para ir al frente; los viejos que hicieron la guerra junto a sus hijos, y a veces junto a sus nietos; los que volvieron desde las trincheras conducidos por la Guardia Civil a instancia de sus padres, para terminar el Bachillerato; los que murieron sin pecado y los que borraron los suyos agonizando en un camino bombardeado, a solas con su boina bendecida; los pies planos que tras una jornada montañera increíble eran devueltos a sus casas retorciéndose de dolor y de impotencia; los pasados a todo riesgo de zona roja y los que murieron entre líneas, y los que en aquella mantuvieron una desesperada e ignorada resistencia. Los de la bota, la guitarra y el Rosario, los de patillas a lo Zumalacárregui o barbas a lo Dorregaray; los de las boinas escritas, los definidos en aquella canción tan olvidada y tan nuestra:

“Los que arrastran el capote
Los  que tiran de cuchillo
por el día y por la noche…”

Y también los del Tercio de San Patricio, recordados hace poco por uno de los suyos –Peter Kemp-, en un magnífico libro; y los rusos blancos de Ametralladoras del María de Molina, y los niños de la Legión Castellano-Aragonesa, y los franceses que vinieron siguiendo las huellas de Cathelineau y de tantos otros que siguieron las banderas de Carlos V y Carlos VII.

El Tercio de los soñadores, de los enamorados de imposibles que llegan a hacerlos a la fuerza de entusiasmo y coraje; el Tercio de los que iban para muertos, y de los que no llegaron a serlo sin su culpa; el Tercio de los locos que cantaban en los asaltos y lloraban cuando les dolía el corazón, que era precisamente cuando a ello les daba la real gana…

Y ese Tercio de Don Quijote en marcha eterna lleva a su cabeza, flameando al viento de los páramos el poncho pardo, melena y barba blancas como un airón de espuma, cabalgando un resucitado Rocinante, la “manquedad ingrávida” y soberbia del póstumo Coronel del Requeté; del deslenguado, del insobornable, del barroco y  valeroso hidalgo don Ramón María del Valle Inclán y Montenegro”

(Durán Valdés, Juan, El bardo póstumo en “Valle Inclán y el Carlismo”, S.U.C.C.V.M., Zaragoza, 1969, pp.54-55).



viernes, 23 de septiembre de 2016

Don Quijote y los carlistas

Los carlistas del XXI tienen que ver con el Quijote. Pero no con el Quijote delirante de los románticos. Tiene que ver, más bien, con el que se encuentra con el caballero del Verde Gabán y le empieza a contar sus aventuras. Tú, lector, sabes que nada de eso que cuenta es en realidad cierto, pero te emocionas porque el ingenioso hidalgo lo ha intentado. Fíjate que el caballero del Verde Gabán, que es un hombre cuerdo, piensa como tú: “Joder, algo de razón lleva este tío”. Luego el caballero le invita a su casa y allí don Quijote dice cosas muy juiciosas. Eso es lo que tiene que ver con el Carlismo. 


domingo, 15 de marzo de 2015

Dos lecciones de Valle-Inclán para los carlistas

Nuestra causa tiene un buen número de seguidores entre los grandes del arte: arquitectos, pintores, escritores y músicos que han dejado en sus obras algo inmortal que les convierte en clásicos. Un ejemplo es Ramón María del Valle-Inclán, que dejó escrito: “Amemos la tradición, pero en su esencia, y procurando descifrarla como un enigma que guarda el secreto del porvenir”. Don Ramón militó bajo la misma bandera que los hombres y mujeres que hoy formamos parte del Carlismo y es autor de una famosa trilogía sobre la tercera guerra.

En Gerifaltes de Antaño, tercero de la mencionada trilogía de Valle, el cura Santa Cruz visita al guerrillero carlista don Pedro Mendía, que espera a la muerte rodeado de sus partidarios: “Enfermo de mal de piedra, habíase refugiado en el caserío de Urria, y los días dorados del otoño le sacaban en un sillón a la solana. Desde allí, sus ojos cavados contemplaban los montes, menos altos y enteros que su fe”. De la fe y militancia carlista de Valle-Inclán quedó constancia en el Círculo Carlista de Buenos Aires. Allí fue donde en el año 1910, en un banquete en el que se le agasajaba, tomó la palabra y dejó para la historia su testimonio. Lo recogía el diario El Pueblo de Buenos Aires:

“Convencido de la grandeza del ideal carlista, entendía que era deber mío consagrar mis energías a su defensa, aunque ello significa restarme todos mis lectores anteriores, como en efecto me los resté en un solo día, pues al publicar mi primera obra carlista, no me quedó ni uno sólo de mis anteriores lectores, y la prensa en general que antes me llenara de elogios, no tuvo para esta obra ni la leve noticia de su aparición. Pero no importa; estoy decidido a continuar la labor, dedicando el único brazo a manejar la pluma, y si algún día fuese necesario ese brazo para defender la Causa en otro terreno, a ello estoy firmemente decidido [1]”.

Valle, que perdió un brazo a consecuencia de una disputa en Madrid, dejó estampas míticas que han quedado grabadas para la historia de los literatos. En cambio, de su pensamiento carlista ya no se habla lo suficiente. Nuestra esperanza es ser nosotros los que demos fe del espíritu que transmiten sus palabras. En los mítines, en las asociaciones de vecinos, en la tribuna, con la pluma y con la espada, en nuestras campañas de propaganda… pelea Pedro Mendía y suena Valle-Inclán, que nos invita a amar la tradición en su esencia y a despreciar la fama para ganar la eternidad.

Alonso de Blanco



[1] Valle Inclán, carlista. Blog El Grito de la Lechuza. Extraído el 13 de marzo de 2015: http://elgritodelalechuza.blogspot.com.es/2009/05/valle-inclan-carlista.html

domingo, 1 de marzo de 2015

García Lorca, La Barraca y el pueblo de Estella

Traemos hoy domingo un episodio que nos habla de la talla moral de los estelleses. En tiempos de la República, Federico García Lorca visitó Estella con su compañía teatral itinerante, la Barraca. El célebre poeta pudo comprobar allí la nobleza del pueblo navarro, carlista de los pies a la cabeza.


pueblo carlista

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Con orgullo refiere [Lorca] en octubre de 1933 al periodista argentino Pablo Suero que en el muy carlista pueblo de Estella quisieron apedrearlos al ver en los camiones de La Barraca los distintivos de la República, pero que luego los actores los congregaron, les hablaron del objetivo de la obra, Fuenteovejuna, “y al final nos aclamaron. Lo más sugestivo, lo que habla de una resurrección, son los gritos de `¡Viva España!´ que recogen con frecuencia nuestras representaciones. El pueblo español es un pueblo admirable, créalo usted”. 

Cotta, Jesús, Rosas de Plomo, Amistad y muerte de Federico y José Antonio, Stella Maris, Barcelona, 2015, pp. 56-57

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Se cuenta esta anécdota en un nuevo libro sobre José Antonio Primo de Rivera. Los carlistas siempre hemos repudiado la decisión de Franco de unirnos a la Falange. Después de la guerra, de los falangistas de Pamplona se decía irónicamente que eran "atunes", azules por fuera y rojos por dentro, queriendo decir que se habían hecho falangistas para sacar partido del nuevo régimen. En cualquier caso, José Antonio debía de tener en mente la unión del pueblo español, como en Fuenteovejuna. Él lo intentó, y también los comunistas. Sin embargo, los que lo conseguimos fuimos los carlistas.