miércoles, 17 de mayo de 2017

15M: un anhelo real

Hace unos días se ha cumplido un nuevo aniversario del movimiento 15M. Aquella salida histórica a la calle de cientos de miles de personas en ciudades de toda España fue bautizada por la prensa internacional como la #SpanishRevolution y se convirtió en un símbolo del malestar del pueblo español ante su sistema político, escaso en formas participativas y con abundantes casos de corrupción. Lemas como “Democracia Real Ya” o “No nos representan” se hicieron célebres. Muchas personas querían participar en política para sustituir a unas instituciones ineficientes.

El 15M se ha situado como el origen de algunos movimientos sociales como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) o el partido Podemos, que trató de encauzar electoralmente a malestar por la actuación de la clase política. Sin embargo, aquellos problemas que denunciaban quienes salieron a la calle el 15 de mayo de 2011 no se han solucionado. Cada semana aparecen nuevos casos de corrupción en el seno de los partidos políticos y nuestros gobernantes son incapaces de resolver problemas reales.

Seis años después del 15M, los dirigentes de los partidos políticos prefieren debatir acerca del Valle de los Caídos que hacer frente -en la medida en que les es posible- al deterioro de las condiciones de trabajo de los españoles. En Navarra, algunos partidos se limitan a enarbolar banderas de exportación, como la ikurriña, que lleva detrás de sí una idea nacionalista que enfrenta a la sociedad; mientras otros se esconden detrás de nuestra verdadera bandera, la de Navarra, para conseguir votos, como si no hubieran entregado antes la soberanía de nuestra tierra.

Opinión carlista en un día de elecciones.

Los carlistas pensamos que el sistema político denunciado por los manifestantes del 15M es perverso en la medida en que está tramado para favorecer a unas pequeñas élites que, lo han demostrado, no sirven a su gente. Sólo se sirven a ellos mismos. En este sentido, denunciamos que el sistema político cuenta además con cómplices (periodistas, historiadores) que han construido un relato mítico de la “Transición” que no es real y que enarbolan, como hacen con cualquier bandera que consideren apta, para vivir de un cuento que para nosotros se ha convertido ya en un relato de terror.

Los carlistas no creemos que un pueblo pueda vivir del relato de la “Transición”. Cada uno de nosotros necesita un sustento, comida y bebida, un trabajo digno con el que sacar adelante a una familia. Mientras los constructores del mito de la “Transición” –proceso que para su éxito requirió el asesinato de dos carlistas en la romería de Montejurra 76- se llenan la boca hablando de prosperidad, el resto de españoles sufrimos innumerables injusticias sociales en nuestro día a día.

Por eso deseamos que toda aquella rebeldía sana que llevó a cientos de miles de españoles a salir a la calle se encauce de manera natural, a través de multitud de entes sociales, organizaciones de ayuda mutua, centros de cultura… hacia la construcción de una comunidad justa. A nosotros ni nos satisface el sistema corrupto e incapaz construidos por los “padres de la Transición” ni nos gusta –esto mucho menos- que estos mismos “padres de la Transición” reaparezcan ahora, ya sea en persona o a través de sus partidos políticos, a fingir la salvación de España.

A continuación incluimos una reseña que hace dos años hizo la Iniciativa Cultural Recuerdo del libro "Indignaos" de Stéphane Hessel, que fue considerado libro de cabecera del 15M. 

***

“A aquellos que harán el siglo XXI, les decimos, con todo nuestro afecto:
CREAR ES RESISTIR
RESISTIR ES CREAR” (en esto estamos de acuerdo)

Ha sido considerado el gran manifiesto del 15M y comenzamos a leerlo para responder a la pregunta: ¿por qué nos rebelamos?

Stéphane Hessel es un disidente, un paladín de la Francia Libre que combatió contra el totalitarismo y fue testigo de grandes hechos del siglo XX tanto por su papel de diplomático (estuvo acreditado en la ONU) como por ser uno de los redactores de la Declaración de los Derechos Humanos. Con la mirada sabia que le proporciona la experiencia,  nos habla de casos concretos como Gaza e Irak, pero sobre todo nos transmite la imagen, desgraciadamente real, de un mundo esclavizado por la productividad y el dinero, con la consiguiente pérdida de libertad que supone esta situación. La fuerza del manifiesto radica en que lo escribe un hombre de 93 años que ha visto muchos fracasos pero sigue confiando en la victoria del bien y cree que los jóvenes y la sociedad, comprometidos somos capaces de gestar el cambio.

Sin embargo, nos parece que faltan respuestas. El libro deja demasiadas incógnitas y aunque señala el ansia de libertad de la sociedad, echamos en falta un mayor hincapié en valores trascendentes. La indignación, la rebelión… ha de tener una raíz sólida, y Hessel no profundiza demasiado en ella. Da la impresión de que sigue creyendo en el mito del progreso indefinido, en el establecimiento de un paraíso en la tierra… y eso es imposible.

La indignación revolucionaria en sí misma tampoco es suficiente. Al menos para nosotros. No sólo porque la ira es cegadora, sino porque pensamos que las revoluciones no arreglan nada. Hay que luchar, y vamos a hacerlo, pero sin odio, con cabeza y sabiendo que las revoluciones al final no llevan más que a la sustitución de una élite por otra. Nosotros a esto nos oponemos y, afirmamos parafraseando a un amigo nuestro: “¡Frente a la revolución de la indignación, la rebelión de la alegría!”  

martes, 9 de mayo de 2017

Los carlistas saldrán a la calle para defender la bandera de Navarra

Próximamente: los carlistas participarán en la manifestación vecinal del sábado 3 de junio a las 18h en defensa de la bandera de Navarra. Los carlistas llaman a sus bases a concentrar sus actividades políticas, sociales y culturales; así como sus respectivas acciones de propaganda, en la promoción de Navarra.

sábado, 8 de abril de 2017

Por un fin de ETA sin impunidad

Foto: Zarateman

Este ocho de abril se ha puesto en marcha la búsqueda de los últimos zulos con material de ETA. Es lo que se ha llamado el desarme de ETA. La información para encontrar los depósitos, que contienen armas, munición y explosivos, la ha proporcionado la propia banda terrorista. El acto simbólico de entrega del material, mediante un inventario, se ha escenificado en el ayuntamiento de Bayona (Francia).

En estos días, suscitado por este proceso llamado “de desarme”, víctimas del terrorismo de ETA, intelectuales y algunos miles de personas han firmado un manifiesto titulado “Por un fin de ETA sin impunidad”. Este colectivo, con el que los carlistas de Navarra nos identificamos, critica que la supuesta paz esté sometida al criterio de quienes durante décadas han sembrado de terror nuestras calles.

La reacción al desarme de ETA encierra, en verdad, un problema moral. Decían nuestros antiguos que no puede haber verdadera paz sin justicia, y tenían razón. El criminal puede dejar el arma en el lugar del crimen, junto al cadáver de su víctima, o arrojarlo a un río cualquiera, caudaloso y sin testigos, pero esto no obsta para que los representantes de la ley lo persigan hasta que cumpla una pena por sus crímenes.

Dejar el crimen impune puede ofrecer una cierta apariencia de paz. Los representantes del orden no patrullarán las calles ni ningún vecino será molestado por periodistas. Sin embargo, ¿quién puede vivir tranquilo en una comunidad en la que los delitos permanecen sin pena y los criminales transitan libremente por los caminos?

En cierto momento de nuestra literatura, el caballero manchego don Quijote le recordaba a su escudero que a la hora de impartir justicia no debía olvidar que la misericordia era el único motivo por el cual debía doblar su vara. Podría, quizá, apelarse en este caso al perdón. Sin embargo, la realidad lo hace imposible. Estos criminales se mofan de la clemencia. De antemano, mucho antes de que tuviera lugar esta farsa, ya preparaban sus memoriales de agravios. Ahora esperan, después del teatro, obtener privilegios. ¿Quién puede ser tan ingenuo de creer a estos lobos? ¿Quién considera derrotados a quienes, décadas después, han logrado que su ideología se expanda hasta el punto de que aquí, en Navarra, ondean ya sus banderas?

Recordaba Chesterton que en nuestro mundo las virtudes cristianas se han vuelto locas. Nadie mejor que él para describir la opinión general de los carlistas ante esta farsa de ETA. Por eso nuestra condena más firme va dirigida no sólo a los terroristas, sino también a quienes, siendo conscientes del teatro, se han apresurado a la propaganda. Pocas cosas hay más ruines que abanderar la virtud para conseguir un fin abyecto. Hipócritas son, al fin y al cabo, quienes se han dirigido gozosamente al ayuntamiento de Bayona como para asistir a un acto histórico. Hipócritas son, también, los individuos que bajo el sobrenombre cursi –casi burlesco- de “artesanos de la paz” han vaciado de contenido las virtudes cristianas.

Tampoco conviene dejar pasar la oportunidad de lanzar una alerta a quienes guiados por impulsos nobles ven con buenos ojos la farsa de ETA. También parecía lleno de sublime hermosura aquel episodio en el que don Quijote galopó para liberar a los galeotes. Luego fue apedreado por ellos, liderados por un tal Ginés de Pasamonte que a nosotros, que nunca tuvimos un Quijote ilustrado y nos guiamos por las palabras de Cervantes, nos recuerda, en espíritu, a Arnaldo Otegi. 

miércoles, 29 de marzo de 2017

La historia del príncipe español cautivo de los nazis


El líder del Frente Popular francés, León Blum, describe en sus memorias su paso por los campos de concentración nacionalsocialistas. En Dachau coincide con una serie de presos ilustres cuyos nombres menciona. En determinado momento se detiene para ponderar el heroísmo de uno de estos cautivos, “del que aprenderemos a amar la sencillez perfecta y la bondad”. Este prisionero, cuya generosidad elogia Blum, lleva el número 156.270. Es español y se ha salvado por poco de ser ejecutado. Condenado a muerte, debe la vida a que cuando era trasladado en tren con otros presos un bombardeo estadounidense ha hecho explotar el vagón donde se encontraba su expediente. León Blum nos da su nombre: “don Xavier”.

Este misterioso don Xavier, cautivo de los nacionalsocialistas alemanes, es un príncipe español apresado por liderar un maquis de la resistencia francesa en los alrededores de su castillo. En las inmediaciones de Bostz, donde grandes bosques ofrecen su resguardo, se ha puesto al frente de varios cientos de guerrilleros. Durante la primera guerra mundial, este príncipe había luchado en el pequeño ejército de los belgas. Su historia es desconocida, pero otros de sus leales españoles también combatieron en las trincheras aliadas. Más de veinticinco años después, ha vuelto a empuñar las armas.

Cuando los alemanes adquieren conciencia de quién es su prisionero, escriben a España. El general Francisco Franco se desentiende del asunto, pues el cautivo es un quebradero de cabeza para sus planes políticos. Don Xavier no es otro que don Javier de Borbón-Parma, el noble a cuya voz de mando se han alzado tres generaciones, miles de carlistas, durante la guerra civil española. Su tío don Alfonso Carlos, el anciano rey, ha fallecido atropellado por un camión en Viena cuando volvía de dar un paseo. Esta muerte convierte a don Javier en regente de los carlistas, cuyos planes para España son distintos de los del general.

Don Javier, hombre de acción cautivo, va a vivir toda una serie de peripecias delirantes. Después de ser capturado pasa por el campo de Struthof. Luego es trasladado a Dachau. Convertido en el prisionero 156.270, en el más completo anonimato, padece los horrores del Lager. Allí se salva de otra muerte segura cuando, condenado otra vez a muerte, un prisionero –posiblemente polaco-, cambia su número destinado a la cámara de gas por el de otro preso que ya está muerto. Pero don Javier enferma gravemente, está otra vez al borde de la muerte.

Don Javier contrae el tifus. A punto de morir, recibe la comunión de manos de un preso. El relato de todos estos sucesos, estremecedor, lo proporciona el cántabro Ignacio Romero Raizábal en su libro El prisionero de Dachau 156.270. Un médico francés apellidado Roche y un cirujano judío salvan la vida al noble español. Don Javier es operado –trepanación de oído- sin anestesia. Él mismo relata la operación a Raizábal: “Como no había anestesia, me ataron fuertemente la cabeza, las piernas y los brazos, para que no me pudiese mover. El doctor judío, muy hábil, me operó. Me hizo ver las estrellas, pero me salvó la vida. Después me hicieron un vendaje con papel blanco”.

Don Javier salva la vida de puro milagro. Acabada la segunda guerra mundial, se volvió a poner al frente de sus hombres. El carlismo se preparaba para postularse como alternativa. Setenta años después, su nieto Carlos comenta la epopeya en el periódico La Vanguardia: Un día le pregunté a mi abuelo si Dachau no destruyó su fe en la humanidad... “¡Al contrario!”, me dijo.

¿Por qué?, pregunta el periodista. Don Carlos repite las palabras de su abuelo: Cada día presencié actos de heroísmo, los presos se ayudaban pese a la amenaza de ser ejecutados: ¡mi fe en la humanidad creció! “Yo he heredado esa confianza de mi abuelo”, añade don Carlos.

viernes, 10 de marzo de 2017

¿Sirve esta iniciativa para algo?


"(...) desde principio del siglo XIX, han perecido a la sombra de la bandera de Dios, Patria y Rey, en los campos de batalla, en el destierro, en los calabozos y en los hospitales..."

Hoy los carlistas estamos de fiesta. Cada diez de marzo celebramos los Mártires de la Tradición en recuerdo de los que murieron por nuestra Causa. En previsión de tal fecha, el capitán de esta compañía pidió a este redactor un pequeño artículo. La tentación ha sido componer algún tipo de salmodia de batallas y hechos alucinantes, o, cuando menos, un homenaje rotundo a algún personaje de nuestra dilatada historia. Sin embargo, dado que hoy es nuestra fiesta, este redactor se ha permitido lanzar un guante a quienes, como él, celebran a sus muertos. Hoy esta página recoge un texto para los carlistas.

El carlista común sigue este blog con algún tipo de expectativa. Quizá porque este altavoz de los Carlistas de Navarra mantiene un tono diferente. Aunque somos pocos, y no estamos registrados, ni tenemos “Reinos” ni “Federaciones”, ni “Partidos” ni “Comuniones”, hemos articulado un proyecto carlista basado en tres pilares: convivencia, barrio y actitud.

En torno a nuestras propuestas pretendemos ahora abrir un debate.

Los Carlistas de Navarra, a pesar de que la leyenda nos caracteriza como mitad ogros mitad trabucaires, valoramos la convivencia. Mucha gente elogia ideales de tolerancia y consenso, pero nosotros hemos visto que, en realidad, no hay demasiado de esto en la calle. Es como si alguien quisiera enfrentarnos a todos, incluso a los carlistas, que somos pocos y estamos en invierno.


Ante esta realidad, nosotros nos juntamos, hablamos de nuestras cosas, criticamos y alabamos, y tratamos de elaborar las respuestas constructivas que consideramos necesarias en una sociedad tan quebrada por el odio. Se trata de una con-vivencia basada en ideales compartidos, el respeto mutuo y las hazañas de cada cual, como en el poema de Calderón dedicado a la milicia: “porque aquí a lo que sospecho / no adorna el vestido el pecho / que el pecho adorna al vestido”.

Nos organizamos a nivel de barrio. Entre otras cosas, nos importa lo que sucede en los barrios de Pamplona porque vivimos en ellos. Esto puede parecer una obviedad, pero hace falta recordarlo de vez en cuando. En torno a nuestros barrios, y velando por su salud, hemos presentado algunos textos en prensa. Como formamos parte de un mismo municipio, también tenemos recogidas propuestas municipales.

Asumimos un poco la misión de mirar a nuestro alrededor, pensar sobre lo que vemos y hacer sugerencias. Tenemos mucho de  núcleo de reflexión, esta es nuestra manera de practicar el Carlismo. La actitud reflexiva enriquece bastante al grupo. Nos cuestionamos las cosas y tratamos de salir al paso de problemas actuales.

Sin embargo, no somos un grupo de pensadores. Somos más bien un grupillo de personas que practican amores y lealtades. Esto nos cohesiona bastante. Creemos en la Redención, tenemos un interés sincero por las ideas de don Carlos de Borbón-Parma y compartimos un sano escepticismo hacia un montón de formas de derrota. Estas lealtades se concretan en las acciones que hemos realizado en dos años de iniciativa.

Hoy, diez de marzo, nos planteamos si sirve todo esto para algo. ¿Tiene sentido esta militancia concreta? Es decir, ¿estamos siguiendo, de manera correcta, los pasos de quienes dieron su vida por esta Causa?

Entre los carlistas esto se habla mucho. Más o menos, tenemos todos bastante claro que estamos llamados a disolvernos en la sociedad. No en un sentido negativo, sino como aquellos carlistas que, después de poner en marcha las Javieradas, dejaron que la vida las regalara al pueblo de Navarra. El problema es, ¿cómo seguir disolviéndose?

Algunas personas han optado por dejar de lado las estructuras propiamente carlistas y están en partidos, asociaciones, círculos culturales. Son abiertamente carlistas, pero ven más beneficioso para la sociedad su trabajo concreto en estos lugares. Nosotros, sin dejar de lado esta opción, nos juntamos de vez en cuando bajo el paraguas de Carlistas de Navarra para reflexionar y actuar directamente “en carlista”. Estamos convencidos de que de pequeños núcleos similares pueden salir ideas muy buenas.

De hecho, vuelven a tenerse en cuenta hoy valores como la cooperación y el autogobierno que los carlistas llevamos muchos años concretando. Se buscan en el extranjero ideales que nosotros hemos mantenido, como el patriotismo y la garantía monárquica. Incluso algunas personas, tratando de concretar la autogestión y la subsidiariedad, creyéndose audaces descubridores de realidades originalísimas, han conferido nombres nuevos a nuestros viejos fueros.

¿Les convence la respuesta? Nosotros tenemos a disposición de quien quiera un correo electrónico, carlistasdenavarra@gmail.com, para que nos envíen suspicacias, opiniones, sugerencias…

jueves, 2 de marzo de 2017

Hazte Oír y Chrysallis: dos caras de la misma revolución

Los carlistas de Navarra condenamos la intención del lobby Hazte Oír de visitar Pamplona con su propaganda. Un mes después de que una reacción vecinal sin precedentes obligara a la asociación Chrysallis a retirar su campaña a favor de la transexualidad de menores, Hazte Oír ha resucitado viejos males con el fin de acaparar la atención mediática. 

La táctica de Hazte Oír no es muy diferente de la de la asociación Chrysallis, que puso a Navarra en el mapa después de haber viajado a Nueva York para conseguir los dólares con los que trataron, sin éxito, de sembrar la polémica en nuestros barrios. Los lobbys se alimentan de polémicas.

La intención del lobby es convertirse en una referencia a cualquier precio, renunciando incluso a la legítima participación política y cultural para obtener el rédito que proporcionan a corto plazo sus maniobras provocadoras. Hazte Oír ha convertido así varias causas justas en amenazas para la convivencia vecinal. 

Por supuesto, a los carlistas no nos preocupa sólo que una entidad nociva pervierta una causa. Más crítico nos parece que, resucitada la polémica sobre el escenario mediático, los escasos partidarios de la ideología de género utilicen la campaña de Hazte Oír para ridiculizar la defensa de la naturaleza humana. De esta manera, Hazte Oír contribuye a la campaña de persecución de la infancia iniciada por la asociación Chrysallis, que ya trató de educar a nuestros vecinos más jóvenes a través de una agencia de publicidad.




Sin una comunidad que los respalde, ni una cultura que los impulse a la vanguardia, es propio de los lobbys alimentarse de las falacias que ideologías rivales crean y los medios vocean. Mientras el vecino comprometido reacciona para proteger a quienes ama, el lobby procura mantener con vida el ataque que sufre la familia del vecino, pues puede auparle al poder. Por supuesto, al lobby le importa muy poco que los partidarios de tal o cual ideología vivan de hacerse las víctimas, porque el lobby necesita espacio de influencia, debe atacar para seguir creciendo.

Los carlistas de Navarra defendemos que el ámbito propio de la educación de niños y jóvenes es la familia. Por tanto, seguiremos reaccionando ante cualquier intento de violar el legítimo derecho de los padres a educar a sus hijos. También seguiremos advirtiendo, aunque duela, de la presencia de lobos con piel de cordero dispuestos a pervertir hasta lo más sagrado.

Por último, los carlistas queremos pedir a todos los partidos políticos y colectivos que se han solidarizado con la propaganda a favor del transexualismo que actúen con la misma contundencia a la hora de defender y aplicar medidas que protejan a las familias navarras.


Los revolucionarios son profesionales de la alarma social
 Foto de Konstantinos Stampoulis para Wikimedia

martes, 28 de febrero de 2017

Defensa de los historiadores

Desde hace dos semanas, cada día asistimos en las páginas del Diario de Noticias y de Naiz a un debate acerca del Carlismo, promovido por socios del Ateneo Basilio Lacort. Sin embargo, sus textos, publicados en forma de tribuna y cartas al director, no son un mero ataque contra los antiguos carlistas. Entre las trampas tendidas por los ateneístas para crear una polémica desde la nada, subyace la nociva pretensión de poner el saber histórico al servicio de su ideología. 

En realidad, el auténtico historiador no es el ideólogo con el que cada partido se dota de un barniz cultural. Tampoco es el fanático que busca en los archivos documentos que, sibilinamente contextualizados, apoyan su causa ideológica. Por supuesto, dista mucho de ser el aficionado que, presa de su ignorancia, sin mala intención, juzga con displicencia a la historia y sus protagonistas.

El historiador es un hombre poseído de una vocación humanista. Sabe lo suficiente acerca del ser humano como para respetar el pasado. Vive consagrado a su estudio. Interviene en congresos y foros académicos, participa en publicaciones científicas y escribe libros que arrojan luz sobre un período determinado de la historia. A veces ejerce la docencia sobre aquello que conoce. En ocasiones colabora también en los periódicos, ya sea mediante páginas o tribunas dedicadas a la historia.

En nuestro tiempo, el historiador tiene algo de rebelde, pero no porque utilice la historia como arma, sino porque está en guerra continua contra los escépticos que niegan la posibilidad de conocer el pasado. Tampoco se puede desdeñar su vocación de aventurero metido en mil barros para rescatar la verdad. La dificultad de este trabajo le exige una rigurosa preparación.

Por supuesto, el historiador puede pertenecer a un partido, o profesar una ideología. Sin embargo, su respeto por el pasado le obliga a dejar sus preferencias en la puerta del archivo. En realidad, no hay historia carlista o anti-carlista, abertzale o españolista. Existe, parafraseando a Juan Pablo Fusi, buena o mala Historia.