lunes, 9 de octubre de 2017

No puede haber España sin justicia

En estos días de desconcierto, miles de personas se han echado a la calle para defender España con los medios a su alcance. Desde Cataluña llegan noticias emocionantes, de resistencia y amor a la misma España que llena, desde hace algunos días, las plazas de nuestras ciudades. En cada bar, en cada calle, hay una oposición espontánea al independentismo catalán, un esfuerzo vigoroso en común encarnado, por citar un ejemplo, por ese grupo de jóvenes de Figueres a los que veíamos ayudándose a trepar para retirar una estelada.

En muchos casos la resistencia se efectúa, además, con regocijo, con una animación imposible en caso de ideología. El joven de Barcelona famoso por callar la cacerolada independentista con música de Manolo Escobar no era el prototipo de hombre masa creado por la propaganda, pues el hombre masa, arrastrado en estos días por el odio, no entiende de la risa y mucho menos de la alegría sencilla que implica tener patria.

También algunas personas que han pensado mucho han escrito sus reflexiones durante estos días. Ha habido proclamas y manifiestos intelectuales. Los medios de comunicación han multiplicado coberturas con sorprendentes dosis de racionalidad. Entre los carlistas, ha circulado una carta de don Carlos en la que nos ha llamado a fomentar la concordia al mismo tiempo que ha recordado que los fueros pueden constituir una solución integradora.

Sin embargo, el problema es mucho más complejo. España se muere desde hace tiempo. Puede que aún haya españoles orgullosos de su bandera y el Estado siga siendo poderoso, y tenga capacidad de llamar a la acción a miles de policías que detengan la subversión, pero España tiene muy poco que ver con eso. España no es el Estado, ni el orgullo por una bandera, aunque lo crean así personas tan distintas como Mariano Rajoy y Carlos Puigdemont.

La España que conocimos en casa, cuando éramos pequeños, era un lugar donde imperaba la justicia. Había malvados, por supuesto, pero quienes tenían el poder tenían también la obligación de castigarlos y proteger a su pueblo. Sin embargo, en España hace mucho tiempo en que la injusticia se ha acostumbrado a campar a sus anchas.

Tan familiarizados estamos con la injusticia que celebramos, por ejemplo, que empresas que practican la usura y esquilman a nuestro pueblo hayan decidido trasladar su sede fuera de Cataluña. ¿Qué tipo de patriotismo es este? ¿Qué patriota olvida que, por ejemplo, La Caixa, condonó millones de euros de deuda a un partido independentista? ¿Haría lo mismo con un vecino de a pie? Las empresas que abandonan Cataluña, ¿lo hacen por amor a España o por miedo a perder sus bienes si la revolución se radicalizara?

En estos días escuchamos algunas emotivas peticiones de diálogo. Alguna de ellas es singularmente llamativa, pues no contempla la pena para los responsables de la revolución en Cataluña. ¿Qué tipo de patriotismo es el de quienes, olvidando las más elementales normas de justicia, proponen otra cosa que no sea la entrada en la cárcel de quienes han sublevado a parte del pueblo catalán contra su propia comunidad y sus vecinos?

La concordia sólo puede ser posible mediante la justicia pero, ¡ay!, no sólo hay injusticia en las calles de Cataluña. En cada rincón de España, en tantas y tantas relaciones cotidianas, en las jornadas laborales, en las transacciones comerciales, en las clases escolares, en las sesiones parlamentarias y en muchos otros ámbitos impera la injusticia. Todos conocemos ejemplos ¿Cómo no va a morirse España?

viernes, 6 de octubre de 2017

"La prioridad fundamental que hay que defender es la Concordia"

Don Carlos de Borbón-Parma ha vuelto a proponer el sistema foral como solución a la crisis política que atraviesa España. En su nuevo mensaje, no exento de críticas a los líderes políticos, don Carlos expresa también el deseo de que la sociedad recupere la concordia que hace posible el buen gobierno.

Juntos somos

Don Carlos da por hecho un enfrentamiento planeado para dividir a los españoles y renueva el mensaje de los carlistas: no sólo somos mejores juntos, sino que, en realidad, juntos somos y no es posible entender España sin la especial relación establecida entre sus pueblos. “Si esa concordia se rompe desaparecerá todo lo demás, desaparecerá la legalidad, desaparecerá el sentido de comunidad y desaparecerá la posibilidad de solucionar cualquier tipo de problema, abriéndose paso en nuestras queridas Españas toda clase de sentimientos negativos de los que serán esclavas las generaciones futuras”, escribe don Carlos.


Apuesta por los fueros

El objetivo principal del mensaje de don Carlos de Borbón-Parma es evitar el enfrentamiento entre los pueblos que hacen posible España. La propuesta política concreta de don Carlos es el federalismo actualizado, al modo de los fueros de siempre. El sistema federal –entendido entre los navarros como la solución foral-, podría hacer real el gobierno de las regiones españolas si se entiende éste como una relación de armonía y no el caos de competencias y la voracidad egoísta provocada por los nacionalismos. Para que esta solución pueda llevarse a cabo, don Carlos ha propuesto actualizar la Constitución

Don Carlos vuelve a interpelar a sus leales y a los políticos

En la tónica de sus mensajes anteriores, don Carlos ha vuelto a dirigirse expresamente a sus carlistas, a la vez que ha asumido el deber de encarnar y llevar a cabo la labor de sus predecesores. “Consciente de las obligaciones que recaen sobre mí como representante del legado histórico de la Dinastía carlista, con la memoria de mis antecesores, con la lealtad sacrificada y persistente que hacia ellos mostraron miles y miles de españoles durante dos siglos, y en definitiva con el significado histórico del Carlismo, pero también como ciudadano español y europeo, me impelen a trasladar y compartir con vosotros las siguientes reflexiones con el fin de contribuir a esbozar un camino diferente al del enfrentamiento ya previsto”.

Don Carlos ha llamado a la calma a sus partidarios para que puedan llevar a cabo la necesaria labor de mediación allá donde fuera posible. “Comprendo las profundas emociones que la situación de hoy puede desencadenar, pero debemos mirar a nuestra Historia y sacar las lecciones que ella nos ofrece. La violencia no lleva a soluciones duraderas”.

Por otra parte, don Carlos se ha mostrado muy crítico con la labor desempeñada por los líderes de los partidos políticos, a los que ha recordado su misión de servicio al bien común. En este sentido, ha exigido valentía y grandeza a los gobernantes españoles. “El momento concreto que vivimos es preocupante. La situación que se da en Cataluña está demostrando que las autoridades políticas, tanto del Gobierno español como las de la Generalitat, nos conducen a un escenario de confrontación y fractura. Y en ningún caso es admisible que aquellos que tienen la responsabilidad de gobernar pierdan el control sobre los acontecimientos”.

Don Carlos en Barcelona

En este nuevo mensaje, don Carlos ha recordado el significado que tiene para él Barcelona, donde murió su padre, don Carlos Hugo, y presentó a su hijo don Carlos Enrique, en un acto que contó con una representación de los carlistas navarros. También ha dirigido palabras de apoyo a quienes están sufriendo el enfrentamiento.


El comunicado completo puede leerse AQUÍ.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Partidos políticos: el fin de lo público

Desde hace un tiempo, puede que bastantes años, los carlistas reflexionamos acerca de los partidos políticos. Cuando nos llegó este vídeo sobre la crítica que hace Simone Weil, invitamos a una serie de jóvenes carlistas a que nos enviaran una reflexión. Esta es la primera de las opiniones que nos llegaron.


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Simone Weil es una filósofa que no he tenido el gusto de leer y, por tanto, difícilmente podré dar una opinión autorizada acerca de su pensamiento sobre los partidos políticos. Pero, si me remito al vídeo que Enric Fernández ha publicado en su canal de Youtube, podría decir que estoy de acuerdo en ciertos aspectos interesantes con la crítica de la filósofa francesa.

Algo de contexto: recordemos que la filosofía política moderna tiene en parte su génesis en el gran reto de limitar el poder absoluto de las monarquías europeas del siglo XVI, XVII y XVIII. El rey, concebido como una persona privada y un gobernante no representativo, ejercía, en opinión de algunos, un poder omnímodo y no daba espacio a otros agentes públicos para organizar la vida social. En mi opinión, este problema es una de las metas intelectuales de los modernos de todos los tiempos, sea consciente o inconscientemente.

Hay una cuestión interesante aquí: si tu meta es luchar contra el poder absoluto de una manera obsesiva –utilizando toda la filosofía, la política, la retórica y la literatura política–, precisamente transformas la visión acerca del poder como servicio público en una especie de báculo todopoderoso que quien lo tiene, lo utiliza para subyugar a los otros. La visión antropológica de ciertos ilustrados –no todos, claro– es que el hombre es un lobo para el hombre y que solo la civilización es la salvación del egoísmo fundamental del ser humano. Esta visión pesimista acerca de la riqueza espiritual humana es un gran problema.

Todo lo que he dicho son generalidades sin ningún valor histórico en lo que exactitud se refiere. Aquí hablo de tendencias que yo estimo fundamentales desde el siglo XVI y XVII hasta el día de hoy. Y una de ellas es la de concebir a un enemigo fundamental de la libertad social: el absolutismo político. Se ha creado una actitud filosófica –llámese democracia, liberalismo...– en la que las instituciones sociales y políticas se han utilizado, no para llegar a la verdad o la justicia particular de la comunidad política en el momento histórico que esté viviendo, sino para luchar contra el fantasma del tirano.

A los tiranos hay que combatirlos con firmeza claro, pero si uno se obsesiona con ellos, reproduce al enemigo inconscientemente en la misma estructura política que intenta defender. Véase en los manuales de Psiquiatría las características del Trastorno Obsesivo-Compulsivo o las características de una profecía autocumplida. Los partidos políticos se iniciaron como cauces para establecer la representación política de los ciudadanos en las cámaras legislativas. En su génesis, quizá no fueron malos o no lo fueron en todas las cortes democráticas. Sin embargo, la lucha política que se estableció en los parlamentos liberales forjó una psicología política orientada a conseguir el poder para luchar permanentemente contra la tiranía. El complejo de salvador que los partidos políticos, los programas electorales y toda suerte de retóricas dieron a luz, elevó a cada partido político y a cada ideología a la categoría de monarca absoluto en medio de una guerra institucional por conseguir una “mayoría absoluta” que les legitimara.

Enric Fernández ha dicho algo muy interesante: en materia de representación conseguida en unas elecciones, nunca es suficiente el número de escaños conseguidos para los partidos políticos. Una victoria aplastante sería celebrada con mucho mayor gozo, si cupiera, que una victoria moderada. El partido político, como encarnación concreta de la filosofía política moderna, lucha contra la tiranía política desde su particular punto de vista. Quiere conseguir la libertad desde su parcela ideológica contra los que ejercen, aún de manera oculta, algún tipo de poder absoluto: el económico, el familiar, el religioso... Considera que su ideología es la única que puede establecer la paz y la concordia. Tolerará o respetará reverencialmente a otros partidos o participará de un sistema al que profesa estima; pero, sin embargo, se considera a sí mismo la más alta encarnación de los valores democráticos o sociales. Si no fuera así, ese partido no tendría militantes, ¿no? Por todo ello, el partido considera que una victoria electoral aplastante es el mejor escenario posible. En el fondo, el partido político, como fenómeno político, tiene un gran desprecio a las otras instituciones políticas. Los hay con más escrúpulos (los liberales) o con menos (los comunistas y bolcheviques) y, sin embargo, ambos profesan un mismo desprecio a la pluralidad y al multiculturalismo.

Este tipo de génesis intelectual del concepto de partido, no es absoluta y tampoco se ha desenvuelto en el plano de las ideas. Es una evolución en las mentes de los propios seres humanos, muertos de miedo contra la tiranía desde hace 5 siglos. Por ello –repito– todo lo que he dicho es inexacto desde la perspectiva histórica: un cuento, un modo de contemplar la evolución histórica de las ideas. Pero pongo de manifiesto esta evolución porque creo que tiene cierta verdad interna y que puede iluminar el momento actual.

Hoy por hoy, consideramos que votar es el ejercicio de nuestra libertad. Sin embargo, los diputados que nos representan tienen disciplina de voto y de partido y solo elegimos listas cerradas y no a personas. No nos representan a nosotros, sino que representan a los partidos políticos, que aglutinan para sí un tipo de opinión sociológica generada por los medios de comunicación y por los discursos elocuentes que se venden en todas partes. En el parlamento no se utiliza la razón para discutir sobre los asuntos públicos, sino que los programas electorales de los partidos se imponen en la opinión misma de los diputados. Un partido político posiblemente no cambiará su opinión acerca de un tema en medio de una discusión parlamentaria en virtud de su respeto reverencial a la verdad política concreta, ya que él mismo se considera encarnación de la misma verdad política y de la justicia. Y si cambiara su opinión, lo haría por una mera cuestión estratégica. El vecino, en definitiva, queda anulado y no puede discutir en otros términos que en los de “derecha”, “izquierda”, “socialista”, “conservador”... Los partidos políticos imponen su propio discurso y toleran a los disidentes porque es la única manera de respetar a los otros partidos políticos a los que se enfrentan. Hablamos, claro, de la democracia, del menos malo –pero horrible e inaceptable– sistema político. Pero se afina cada día mejor, en dicha democracia, el ataque al hombre libre y anti-partido. El instrumento actual es la dictadura de lo políticamente correcto.

En ese discurso políticamente correcto participan partidos secretos que nadie conoce y que no son representativos. Masonería, poder económico y sectores industriales, casta política... En una sociedad partidista, lo público se desvanece necesariamente porque el hombre, que pretendía luchar contra el egoísmo y el absolutismo, se ha vuelto, en nombre de la libertad, un egoísta y un absolutista redomado.  

A.R.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Vuelta al cole (¿o vuelta al caos?)

Los profesores de secundaria a veces nos parecemos un poco a Roy, el replicante de Blade Runner que ha visto cosas hermosas vedadas a los humanos: ataques a naves en llamas más allá de Orión o rayos C brillando en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Los profesores de secundaria hemos visto recitar de memoria la lista de preposiciones a un chaval del barrio. Hemos visto su cara de asombro al estudiar el funcionamiento del cuerpo humano y hemos visto también, después de hablar de la invasión de Rusia por Napoleón Bonaparte, cómo ese mismo cuerpo humano, de apenas un metro y veinte centímetros de estatura, se estremecía de frío.


En algunos momentos, por encima de las materias maravillosas que enseñábamos, los profesores hemos tenido que reprimir alguna lágrima de emoción o de tristeza. En realidad, nuestra profesión tiene poco que ver con la técnica, aunque en estos días algunos revisemos nuestras programaciones o preparemos los exámenes recuperatorios de septiembre. La satisfacción de nuestro trabajo está en el largo plazo, en el agradecimiento de nuestros alumnos, en la certeza de que la sociedad también camina gracias a nosotros, aunque, por otra parte, la nuestra sea muchas veces una profesión en la que se pierde todos los días, porque hay, además de mucha incomprensión, un estado de incomodidad permanente.

Esta incomodidad ha crecido en los últimos años, y tiene que ver con algunas contradicciones que todos los profesores conocemos. Creo que podemos llamarlas ruido, aunque el problema sea ya difícil de nombrar.

Los profesores vemos cómo muchos padres se inmiscuyen en nuestra labor docente, en concreto, en aquella que tiene que ver con nuestro oficio y nuestro saber. Es decir, en un ámbito que no es de su competencia. Al mismo tiempo, los padres han descuidado su área de actuación específica, y no prestan la misma atención a lo que, si me lo permiten, llamaré “educación” de sus hijos.

En el aula también se reproducen de manera exponencial, quizá por la edad de los estudiantes, los problemas sociales. Estos problemas también tienen que ver con las familias. La fragilidad de la institución familiar, por ejemplo, ha tenido terribles consecuencias para los chavales, aunque haya quien se contente con reducirlas al mero ámbito del fracaso escolar.

También es palpable la infiltración de las ideologías y del Estado en nuestras aulas, que viola la independencia de los profesores e incluso la de tantos padres decididos a ser ellos quienes eduquen a sus hijos. En este sentido, no puedo dejar de recordar a Juan Vázquez de Mella, que señalaba una contradicción flagrante en la acción del Estado sobre la educación: “Ese Estado, que comienza asegurando no conocer nada, que nada sabe de los grandes problemas que al hombre y a la sociedad se refieren; él, que no admite ningún principio fijo, ni religioso, ni moral, ni jurídico, él, se convierte en pedagogo, monopoliza la enseñanza y no consiente que nadie comparta con él esa tarea”.

El capitalismo, la doctrina económica más extendida en nuestra sociedad, la verdaderamente rectora, ha orientado a los colegios hacia el mercado y ha extendido a ellos el principio de competencia, una guerra a muerte, sin reglas, por el cliente, que siempre tiene la razón. Algunos de ellos desaparecerán en los próximos años, incapaces de satisfacer unas demandas quizá muy pregonadas, pero no siempre de acuerdo con los fines de un colegio.

Las propias demandas de los padres, fijadas por el mercado, guían la acción de todos los miembros de la comunidad educativa. ¿Quién establece realmente el currículo? Los colegios lo han orientado hacia el mercado y cada vez está más presente el objetivo de preparar a los estudiantes para un futuro exclusivamente laboral que, dicho sea de paso –y, como se dice, “en un mundo cada vez más cambiante”- es imposible de predecir. De esta manera, asignaturas como el inglés o aquellas consideradas “útiles” ganan terreno frente a otras como la Filosofía o la Plástica. Los propios defensores de estas asignaturas minusvaloradas recurren a argumentos utilitaristas.

El profesor trabaja pues, en medio de muchas contradicciones de las cuales, no podemos obviarlo, también es protagonista. Los profesores también somos padres, y nos vemos afectados por el mercado, y cedemos a sus exigencias porque también, ¿y quién no?, a veces nos amedrenta el miedo de que nuestros hijos no tengan un futuro agradable o nosotros mismos perdamos el trabajo con el que mantenemos a nuestras familias. Somos, además, miembros de la sociedad y contribuyentes del Estado –y el sistema económico- que se inmiscuye en la educación.


¿Cómo cabalgar tantas contradicciones? En el día a día, los servimos como podemos, a veces de manera inconsciente, en el olvido de que servimos, pero haciendo, en construcción permanente, creciendo con nuestros alumnos, descubriendo con ellos la fuente de la eterna juventud. Nuestros estudiantes más jóvenes continuarán memorizando la Canción del Pirata de Espronceda, aprendiendo acerca de la reproducción del ser humano y maravillándose de que el acueducto de Segovia siga aún en pie. El asombro es suyo, no sólo nuestro, de los profesores, que también cometemos muchos errores en el aula, porque somos hombres.

Sin embargo, hay problemas que superan lo cotidiano. El ruido va en aumento: el Estado impone su ideología, el capital –editorial, comercial, mercantil- escribe las leyes, también los pedagogos han introducido una antropología, cada vez más extendida, que coincide con los intereses de quienes tienen una mera concepción laboral del futuro de las personas. No hay demasiada reflexión sobre todo esto, en un mundo tan crepuscular como el de Blade Runner y los replicantes. Este artículo no contribuye a desenrollar esta buena madeja, pero quizá el primer paso sea reconocer la complejidad de todo esto. No hay tampoco demasiada gente que se haga grandes preguntas como, por ejemplo, ¿por qué mandamos a los niños -durante algunos años obligados por el Estado- a estos lugares en donde hay tanto desorden?

Don Minervo

viernes, 28 de julio de 2017

En esto consiste el verdadero Progreso

Los carlistas solemos hablar de la Tradición como algo importante, necesario, rico y... ¡dinámico! Esta idea sorprende a primera vista. ¿Cómo puede ser la "Tradición" algo dinámico? En este pequeño texto Álvaro d'Ors responde y habla de progreso. ¿Progreso? ¿Los carlistas? El artículo completo, publicado en la revista Verbo, también es muy recomendable.

"(...) los vivos son los protagonistas de la «Tradición» y no los antepasados muertos. Cuando hablamos de la «Tradición» de un pueblo o de una comunidad cualquiera, el papel activo está en los que la reciben, más que en los antepasados; y este protagonismo del que recibe lo que le entregan sus antepasados es decisivo para entender el sentido dinámico de la Tradición, con lo que ésta supone de Progreso. En efecto, quien acepta lo entregado por los antepasados no deja de dominarlo él, pues lo hace suyo, y no puede menos de modificarlo y mejorarlo, adaptándolo a los nuevos tiempos, y en eso consiste, precisamente, el verdadero Progreso: en la adaptación, viva porque fecunda, de lo que se toma libremente de los mayores para transmitirlo, a su vez, a los sucesores, enriquecido".

Álvaro d'Ors, "Cambio y Tradición", Verbo, 1985, p. 114.

martes, 18 de julio de 2017

La abanderada de San Fermín

Foto: TerceraInformación
Publica El Mundo un reportaje sobre Silvia Baleztena.

"La margarita no sabe que estos días medio país la ha visto ondeando su bandera. Cuando le preguntamos si quiere volver a agitarla ('Ésta estuvo en la guerra', insiste), ella asiente. Y, despacito, elige la enseña, sube las escaleras de su vieja casa, sortea los baches que conoce de memoria y sale al balcón. Desde la calle la ve un chico: '¡Vivan sus cojones, señora!'. Otro: '¡Váyase a la cama!'. Y ella, levantando el pedazo de tela roja y amarilla cosido a un mástil, parece por un momento la chica de la trenza dorada, murmurando 'Viva España'".

miércoles, 7 de junio de 2017

El síndrome del día después

Por su parte, el portavoz de EH Bildu, Adolfo Araiz, ha mostrado su “respeto absoluto” a quienes participaron en la manifestación, pero ha añadido que tuvo “un doble fracaso”. Por un lado, el parlamentario abertzale ha asegurado que “si lo que estaba en juego era las esencias de Navarra, el grado de movilización fue pequeño” y, por otro lado, el portavoz ha explicado lo que él ha llamado “el síndrome del día después”. Araiz ha asegurado que tras las manifestación “las cosas no van a cambiar” y que UPN, PSN y PPN van a seguir en la oposición porque “para deshacer hace falta mucho más que la bandera gigante que abría la manifestación”. Noticia en Navarra.com

Tiene razón, en gran parte, el bildutarra. Él sabe bien cómo movilizar adecuadamente a sus partidarios. Incluso cabría añadir que la manifestación fue un coletazo estéril de los partidos liberal-capitalistas, que son incapaces de generar una dinámica más allá de las urnas. Y, sin embargo, la semilla de la rebelión está plantada. Muchos se vieron las caras. Los navarros participan. Muchos no se sentían representados por los partidos: estaban allí a pesar de los partidos. Nosotros mismos desconfiamos profundamente de las organizaciones políticas que participaron en el 3 de junio. Sin embargo, allí estábamos, como tantos, por el bien común, por una causa superior a cualquier ideología. Ahora el reto es construir, moverse rápido, atacar -los pocos que estamos- desde diferentes posiciones. No es habitual que gente como Adolfo Araiz hable directamente de sus tácticas políticas, de las maniobras que han llevado a la izquierda abertzale al poder. Sus declaraciones dejan ese poso de reconocimiento a la labor social que ha desempeñado para alcanzar el gobierno y los municipios. Encierran, incluso, un mensaje a sus propios militantes: no os preocupéis, que los defensores de la bandera de Navarra no son capaces de moverse como nosotros. Por eso los carlistas vamos a librar la batalla del día después. Que cada cual haga lo que pueda, pero que haga algo. 

domingo, 28 de mayo de 2017

"No nos vais a impedir ser quienes somos"

En los informativos de la televisión han vuelto a hablar del atentado de Manchester. Un tipo ataviado con boina de pintor bohemio y barba descuidada contestaba a la cámara, con gesto rotundo: "No nos vais a impedir ser quienes somos". Apenas unos minutos antes los periodistas informaban de que una cámara de seguridad había captado al terrorista comprando, en un centro comercial cercano al lugar del atentado, la mochila que utilizó para esconder los explosivos. Dan que pensar este tipo de noticias. Con un gesto cotidiano como el que hemos hecho nosotros en algunas ocasiones, ir a comprar una mochila, se reconstruye la ruta de la muerte que emprendió el joven suicida. Los malvados tienen hoy la posibilidad de herir como nunca antes. No tienen poderes extraordinarios, pero su mezquindad puede ser más destructiva. Son imprevisibles. Actúan en pequeñas células, en nuestros alrededores. Hemos visto el dolor que han causado. Nos hemos acordado de un lector de este blog que vive allí. Nos hemos preguntado por qué tantos terroristas estaban vigilados por la policía y se paseaban -algunos se siguen paseando-, por las calles de Europa. Hemos visto a una madre llorar ante las cámaras mientras pedía unidad a sus vecinos. Hemos visto también a ese tipo, a un inglés al que no conocíamos de nada pero que nos ha emocionado, afirmar ante las cámaras: "No nos vais a impedir ser quienes somos". 

Foto de Mark Andrew. CC 2.0.

miércoles, 17 de mayo de 2017

15M: un anhelo real

Hace unos días se ha cumplido un nuevo aniversario del movimiento 15M. Aquella salida histórica a la calle de cientos de miles de personas en ciudades de toda España fue bautizada por la prensa internacional como la #SpanishRevolution y se convirtió en un símbolo del malestar del pueblo español ante su sistema político, escaso en formas participativas y con abundantes casos de corrupción. Lemas como “Democracia Real Ya” o “No nos representan” se hicieron célebres. Muchas personas querían participar en política para sustituir a unas instituciones ineficientes.

El 15M se ha situado como el origen de algunos movimientos sociales como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) o el partido Podemos, que trató de encauzar electoralmente a malestar por la actuación de la clase política. Sin embargo, aquellos problemas que denunciaban quienes salieron a la calle el 15 de mayo de 2011 no se han solucionado. Cada semana aparecen nuevos casos de corrupción en el seno de los partidos políticos y nuestros gobernantes son incapaces de resolver problemas reales.

Seis años después del 15M, los dirigentes de los partidos políticos prefieren debatir acerca del Valle de los Caídos que hacer frente -en la medida en que les es posible- al deterioro de las condiciones de trabajo de los españoles. En Navarra, algunos partidos se limitan a enarbolar banderas de exportación, como la ikurriña, que lleva detrás de sí una idea nacionalista que enfrenta a la sociedad; mientras otros se esconden detrás de nuestra verdadera bandera, la de Navarra, para conseguir votos, como si no hubieran entregado antes la soberanía de nuestra tierra.

Opinión carlista en un día de elecciones.

Los carlistas pensamos que el sistema político denunciado por los manifestantes del 15M es perverso en la medida en que está tramado para favorecer a unas pequeñas élites que, lo han demostrado, no sirven a su gente. Sólo se sirven a ellos mismos. En este sentido, denunciamos que el sistema político cuenta además con cómplices (periodistas, historiadores) que han construido un relato mítico de la “Transición” que no es real y que enarbolan, como hacen con cualquier bandera que consideren apta, para vivir de un cuento que para nosotros se ha convertido ya en un relato de terror.

Los carlistas no creemos que un pueblo pueda vivir del relato de la “Transición”. Cada uno de nosotros necesita un sustento, comida y bebida, un trabajo digno con el que sacar adelante a una familia. Mientras los constructores del mito de la “Transición” –proceso que para su éxito requirió el asesinato de dos carlistas en la romería de Montejurra 76- se llenan la boca hablando de prosperidad, el resto de españoles sufrimos innumerables injusticias sociales en nuestro día a día.

Por eso deseamos que toda aquella rebeldía sana que llevó a cientos de miles de españoles a salir a la calle se encauce de manera natural, a través de multitud de entes sociales, organizaciones de ayuda mutua, centros de cultura… hacia la construcción de una comunidad justa. A nosotros ni nos satisface el sistema corrupto e incapaz construidos por los “padres de la Transición” ni nos gusta –esto mucho menos- que estos mismos “padres de la Transición” reaparezcan ahora, ya sea en persona o a través de sus partidos políticos, a fingir la salvación de España.

A continuación incluimos una reseña que hace dos años hizo la Iniciativa Cultural Recuerdo del libro "Indignaos" de Stéphane Hessel, que fue considerado libro de cabecera del 15M. 

***

“A aquellos que harán el siglo XXI, les decimos, con todo nuestro afecto:
CREAR ES RESISTIR
RESISTIR ES CREAR” 

Ha sido considerado el gran manifiesto del 15M y comenzamos a leerlo para responder a la pregunta: ¿por qué nos rebelamos?

Stéphane Hessel es un disidente, un paladín de la Francia Libre que combatió contra el totalitarismo y fue testigo de grandes hechos del siglo XX tanto por su papel de diplomático (estuvo acreditado en la ONU) como por ser uno de los redactores de la Declaración de los Derechos Humanos. Con la mirada sabia que le proporciona la experiencia,  nos habla de casos concretos como Gaza e Irak, pero sobre todo nos transmite la imagen, desgraciadamente real, de un mundo esclavizado por la productividad y el dinero, con la consiguiente pérdida de libertad que supone esta situación. La fuerza del manifiesto radica en que lo escribe un hombre de 93 años que ha visto muchos fracasos pero sigue confiando en la victoria del bien y cree que los jóvenes y la sociedad, comprometidos somos capaces de gestar el cambio.

Sin embargo, nos parece que faltan respuestas. El libro deja demasiadas incógnitas y aunque señala el ansia de libertad de la sociedad, echamos en falta un mayor hincapié en valores trascendentes. La indignación, la rebelión… ha de tener una raíz sólida, y Hessel no profundiza demasiado en ella. Da la impresión de que sigue creyendo en el mito del progreso indefinido, en el establecimiento de un paraíso en la tierra… y eso es imposible.

La indignación revolucionaria en sí misma tampoco es suficiente. Al menos para nosotros. No sólo porque la ira es cegadora, sino porque pensamos que las revoluciones no arreglan nada. Hay que luchar, y vamos a hacerlo, pero sin odio, con cabeza y sabiendo que las revoluciones al final no llevan más que a la sustitución de una élite por otra. Nosotros a esto nos oponemos y, afirmamos parafraseando a un amigo nuestro: “¡Frente a la revolución de la indignación, la rebelión de la alegría!”  

martes, 9 de mayo de 2017

Los carlistas saldrán a la calle para defender la bandera de Navarra

Próximamente: los carlistas participarán en la manifestación vecinal del sábado 3 de junio a las 18h en defensa de la bandera de Navarra. Los carlistas llaman a sus bases a concentrar sus actividades políticas, sociales y culturales; así como sus respectivas acciones de propaganda, en la promoción de Navarra.

sábado, 8 de abril de 2017

Por un fin de ETA sin impunidad

Foto: Zarateman

Este ocho de abril se ha puesto en marcha la búsqueda de los últimos zulos con material de ETA. Es lo que se ha llamado el desarme de ETA. La información para encontrar los depósitos, que contienen armas, munición y explosivos, la ha proporcionado la propia banda terrorista. El acto simbólico de entrega del material, mediante un inventario, se ha escenificado en el ayuntamiento de Bayona (Francia).

En estos días, suscitado por este proceso llamado “de desarme”, víctimas del terrorismo de ETA, intelectuales y algunos miles de personas han firmado un manifiesto titulado “Por un fin de ETA sin impunidad”. Este colectivo, con el que los carlistas de Navarra nos identificamos, critica que la supuesta paz esté sometida al criterio de quienes durante décadas han sembrado de terror nuestras calles.

La reacción al desarme de ETA encierra, en verdad, un problema moral. Decían nuestros antiguos que no puede haber verdadera paz sin justicia, y tenían razón. El criminal puede dejar el arma en el lugar del crimen, junto al cadáver de su víctima, o arrojarlo a un río cualquiera, caudaloso y sin testigos, pero esto no obsta para que los representantes de la ley lo persigan hasta que cumpla una pena por sus crímenes.

Dejar el crimen impune puede ofrecer una cierta apariencia de paz. Los representantes del orden no patrullarán las calles ni ningún vecino será molestado por periodistas. Sin embargo, ¿quién puede vivir tranquilo en una comunidad en la que los delitos permanecen sin pena y los criminales transitan libremente por los caminos?

En cierto momento de nuestra literatura, el caballero manchego don Quijote le recordaba a su escudero que a la hora de impartir justicia no debía olvidar que la misericordia era el único motivo por el cual debía doblar su vara. Podría, quizá, apelarse en este caso al perdón. Sin embargo, la realidad lo hace imposible. Estos criminales se mofan de la clemencia. De antemano, mucho antes de que tuviera lugar esta farsa, ya preparaban sus memoriales de agravios. Ahora esperan, después del teatro, obtener privilegios. ¿Quién puede ser tan ingenuo de creer a estos lobos? ¿Quién considera derrotados a quienes, décadas después, han logrado que su ideología se expanda hasta el punto de que aquí, en Navarra, ondean ya sus banderas?

Recordaba Chesterton que en nuestro mundo las virtudes cristianas se han vuelto locas. Nadie mejor que él para describir la opinión general de los carlistas ante esta farsa de ETA. Por eso nuestra condena más firme va dirigida no sólo a los terroristas, sino también a quienes, siendo conscientes del teatro, se han apresurado a la propaganda. Pocas cosas hay más ruines que abanderar la virtud para conseguir un fin abyecto. Hipócritas son, al fin y al cabo, quienes se han dirigido gozosamente al ayuntamiento de Bayona como para asistir a un acto histórico. Hipócritas son, también, los individuos que bajo el sobrenombre cursi –casi burlesco- de “artesanos de la paz” han vaciado de contenido las virtudes cristianas.

Tampoco conviene dejar pasar la oportunidad de lanzar una alerta a quienes guiados por impulsos nobles ven con buenos ojos la farsa de ETA. También parecía lleno de sublime hermosura aquel episodio en el que don Quijote galopó para liberar a los galeotes. Luego fue apedreado por ellos, liderados por un tal Ginés de Pasamonte que a nosotros, que nunca tuvimos un Quijote ilustrado y nos guiamos por las palabras de Cervantes, nos recuerda, en espíritu, a Arnaldo Otegi. 

miércoles, 29 de marzo de 2017

La historia del príncipe español cautivo de los nazis


El líder del Frente Popular francés, León Blum, describe en sus memorias su paso por los campos de concentración nacionalsocialistas. En Dachau coincide con una serie de presos ilustres cuyos nombres menciona. En determinado momento se detiene para ponderar el heroísmo de uno de estos cautivos, “del que aprenderemos a amar la sencillez perfecta y la bondad”. Este prisionero, cuya generosidad elogia Blum, lleva el número 156.270. Es español y se ha salvado por poco de ser ejecutado. Condenado a muerte, debe la vida a que cuando era trasladado en tren con otros presos un bombardeo estadounidense ha hecho explotar el vagón donde se encontraba su expediente. León Blum nos da su nombre: “don Xavier”.

Este misterioso don Xavier, cautivo de los nacionalsocialistas alemanes, es un príncipe español apresado por liderar un maquis de la resistencia francesa en los alrededores de su castillo. En las inmediaciones de Bostz, donde grandes bosques ofrecen su resguardo, se ha puesto al frente de varios cientos de guerrilleros. Durante la primera guerra mundial, este príncipe había luchado en el pequeño ejército de los belgas. Su historia es desconocida, pero otros de sus leales españoles también combatieron en las trincheras aliadas. Más de veinticinco años después, ha vuelto a empuñar las armas.

Cuando los alemanes adquieren conciencia de quién es su prisionero, escriben a España. El general Francisco Franco se desentiende del asunto, pues el cautivo es un quebradero de cabeza para sus planes políticos. Don Xavier no es otro que don Javier de Borbón-Parma, el noble a cuya voz de mando se han alzado tres generaciones, miles de carlistas, durante la guerra civil española. Su tío don Alfonso Carlos, el anciano rey, ha fallecido atropellado por un camión en Viena cuando volvía de dar un paseo. Esta muerte convierte a don Javier en regente de los carlistas, cuyos planes para España son distintos de los del general.

Don Javier, hombre de acción cautivo, va a vivir toda una serie de peripecias delirantes. Después de ser capturado pasa por el campo de Struthof. Luego es trasladado a Dachau. Convertido en el prisionero 156.270, en el más completo anonimato, padece los horrores del Lager. Allí se salva de otra muerte segura cuando, condenado otra vez a muerte, un prisionero –posiblemente polaco-, cambia su número destinado a la cámara de gas por el de otro preso que ya está muerto. Pero don Javier enferma gravemente, está otra vez al borde de la muerte.

Don Javier contrae el tifus. A punto de morir, recibe la comunión de manos de un preso. El relato de todos estos sucesos, estremecedor, lo proporciona el cántabro Ignacio Romero Raizábal en su libro El prisionero de Dachau 156.270. Un médico francés apellidado Roche y un cirujano judío salvan la vida al noble español. Don Javier es operado –trepanación de oído- sin anestesia. Él mismo relata la operación a Raizábal: “Como no había anestesia, me ataron fuertemente la cabeza, las piernas y los brazos, para que no me pudiese mover. El doctor judío, muy hábil, me operó. Me hizo ver las estrellas, pero me salvó la vida. Después me hicieron un vendaje con papel blanco”.

Don Javier salva la vida de puro milagro. Acabada la segunda guerra mundial, se volvió a poner al frente de sus hombres. El carlismo se preparaba para postularse como alternativa. Setenta años después, su nieto Carlos comenta la epopeya en el periódico La Vanguardia: Un día le pregunté a mi abuelo si Dachau no destruyó su fe en la humanidad... “¡Al contrario!”, me dijo.

¿Por qué?, pregunta el periodista. Don Carlos repite las palabras de su abuelo: Cada día presencié actos de heroísmo, los presos se ayudaban pese a la amenaza de ser ejecutados: ¡mi fe en la humanidad creció! “Yo he heredado esa confianza de mi abuelo”, añade don Carlos.

viernes, 10 de marzo de 2017

¿Sirve esta iniciativa para algo?


"(...) desde principio del siglo XIX, han perecido a la sombra de la bandera de Dios, Patria y Rey, en los campos de batalla, en el destierro, en los calabozos y en los hospitales..."

Hoy los carlistas estamos de fiesta. Cada diez de marzo celebramos los Mártires de la Tradición en recuerdo de los que murieron por nuestra Causa. En previsión de tal fecha, el capitán de esta compañía pidió a este redactor un pequeño artículo. La tentación ha sido componer algún tipo de salmodia de batallas y hechos alucinantes, o, cuando menos, un homenaje rotundo a algún personaje de nuestra dilatada historia. Sin embargo, dado que hoy es nuestra fiesta, este redactor se ha permitido lanzar un guante a quienes, como él, celebran a sus muertos. Hoy esta página recoge un texto para los carlistas.

El carlista común sigue este blog con algún tipo de expectativa. Quizá porque este altavoz de los Carlistas de Navarra mantiene un tono diferente. Aunque somos pocos, y no estamos registrados, ni tenemos “Reinos” ni “Federaciones”, ni “Partidos” ni “Comuniones”, hemos articulado un proyecto carlista basado en tres pilares: convivencia, barrio y actitud.

En torno a nuestras propuestas pretendemos ahora abrir un debate.

Los Carlistas de Navarra, a pesar de que la leyenda nos caracteriza como mitad ogros mitad trabucaires, valoramos la convivencia. Mucha gente elogia ideales de tolerancia y consenso, pero nosotros hemos visto que, en realidad, no hay demasiado de esto en la calle. Es como si alguien quisiera enfrentarnos a todos, incluso a los carlistas, que somos pocos y estamos en invierno.


Ante esta realidad, nosotros nos juntamos, hablamos de nuestras cosas, criticamos y alabamos, y tratamos de elaborar las respuestas constructivas que consideramos necesarias en una sociedad tan quebrada por el odio. Se trata de una con-vivencia basada en ideales compartidos, el respeto mutuo y las hazañas de cada cual, como en el poema de Calderón dedicado a la milicia: “porque aquí a lo que sospecho / no adorna el vestido el pecho / que el pecho adorna al vestido”.

Nos organizamos a nivel de barrio. Entre otras cosas, nos importa lo que sucede en los barrios de Pamplona porque vivimos en ellos. Esto puede parecer una obviedad, pero hace falta recordarlo de vez en cuando. En torno a nuestros barrios, y velando por su salud, hemos presentado algunos textos en prensa. Como formamos parte de un mismo municipio, también tenemos recogidas propuestas municipales.

Asumimos un poco la misión de mirar a nuestro alrededor, pensar sobre lo que vemos y hacer sugerencias. Tenemos mucho de  núcleo de reflexión, esta es nuestra manera de practicar el Carlismo. La actitud reflexiva enriquece bastante al grupo. Nos cuestionamos las cosas y tratamos de salir al paso de problemas actuales.

Sin embargo, no somos un grupo de pensadores. Somos más bien un grupillo de personas que practican amores y lealtades. Esto nos cohesiona bastante. Creemos en la Redención, tenemos un interés sincero por las ideas de don Carlos de Borbón-Parma y compartimos un sano escepticismo hacia un montón de formas de derrota. Estas lealtades se concretan en las acciones que hemos realizado en dos años de iniciativa.

Hoy, diez de marzo, nos planteamos si sirve todo esto para algo. ¿Tiene sentido esta militancia concreta? Es decir, ¿estamos siguiendo, de manera correcta, los pasos de quienes dieron su vida por esta Causa?

Entre los carlistas esto se habla mucho. Más o menos, tenemos todos bastante claro que estamos llamados a disolvernos en la sociedad. No en un sentido negativo, sino como aquellos carlistas que, después de poner en marcha las Javieradas, dejaron que la vida las regalara al pueblo de Navarra. El problema es, ¿cómo seguir disolviéndose?

Algunas personas han optado por dejar de lado las estructuras propiamente carlistas y están en partidos, asociaciones, círculos culturales. Son abiertamente carlistas, pero ven más beneficioso para la sociedad su trabajo concreto en estos lugares. Nosotros, sin dejar de lado esta opción, nos juntamos de vez en cuando bajo el paraguas de Carlistas de Navarra para reflexionar y actuar directamente “en carlista”. Estamos convencidos de que de pequeños núcleos similares pueden salir ideas muy buenas.

De hecho, vuelven a tenerse en cuenta hoy valores como la cooperación y el autogobierno que los carlistas llevamos muchos años concretando. Se buscan en el extranjero ideales que nosotros hemos mantenido, como el patriotismo y la garantía monárquica. Incluso algunas personas, tratando de concretar la autogestión y la subsidiariedad, creyéndose audaces descubridores de realidades originalísimas, han conferido nombres nuevos a nuestros viejos fueros.

¿Les convence la respuesta? Nosotros tenemos a disposición de quien quiera un correo electrónico, carlistasdenavarra@gmail.com, para que nos envíen suspicacias, opiniones, sugerencias…

jueves, 2 de marzo de 2017

Hazte Oír y Chrysallis: dos caras de la misma revolución

Los carlistas de Navarra condenamos la intención del lobby Hazte Oír de visitar Pamplona con su propaganda. Un mes después de que una reacción vecinal sin precedentes obligara a la asociación Chrysallis a retirar su campaña a favor de la transexualidad de menores, Hazte Oír ha resucitado viejos males con el fin de acaparar la atención mediática. 

La táctica de Hazte Oír no es muy diferente de la de la asociación Chrysallis, que puso a Navarra en el mapa después de haber viajado a Nueva York para conseguir los dólares con los que trataron, sin éxito, de sembrar la polémica en nuestros barrios. Los lobbys se alimentan de polémicas.

La intención del lobby es convertirse en una referencia a cualquier precio, renunciando incluso a la legítima participación política y cultural para obtener el rédito que proporcionan a corto plazo sus maniobras provocadoras. Hazte Oír ha convertido así varias causas justas en amenazas para la convivencia vecinal. 

Por supuesto, a los carlistas no nos preocupa sólo que una entidad nociva pervierta una causa. Más crítico nos parece que, resucitada la polémica sobre el escenario mediático, los escasos partidarios de la ideología de género utilicen la campaña de Hazte Oír para ridiculizar la defensa de la naturaleza humana. De esta manera, Hazte Oír contribuye a la campaña de persecución de la infancia iniciada por la asociación Chrysallis, que ya trató de educar a nuestros vecinos más jóvenes a través de una agencia de publicidad.




Sin una comunidad que los respalde, ni una cultura que los impulse a la vanguardia, es propio de los lobbys alimentarse de las falacias que ideologías rivales crean y los medios vocean. Mientras el vecino comprometido reacciona para proteger a quienes ama, el lobby procura mantener con vida el ataque que sufre la familia del vecino, pues puede auparle al poder. Por supuesto, al lobby le importa muy poco que los partidarios de tal o cual ideología vivan de hacerse las víctimas, porque el lobby necesita espacio de influencia, debe atacar para seguir creciendo.

Los carlistas de Navarra defendemos que el ámbito propio de la educación de niños y jóvenes es la familia. Por tanto, seguiremos reaccionando ante cualquier intento de violar el legítimo derecho de los padres a educar a sus hijos. También seguiremos advirtiendo, aunque duela, de la presencia de lobos con piel de cordero dispuestos a pervertir hasta lo más sagrado.

Por último, los carlistas queremos pedir a todos los partidos políticos y colectivos que se han solidarizado con la propaganda a favor del transexualismo que actúen con la misma contundencia a la hora de defender y aplicar medidas que protejan a las familias navarras.


Los revolucionarios son profesionales de la alarma social
 Foto de Konstantinos Stampoulis para Wikimedia

martes, 28 de febrero de 2017

Defensa de los historiadores

Desde hace dos semanas, cada día asistimos en las páginas del Diario de Noticias y de Naiz a un debate acerca del Carlismo, promovido por socios del Ateneo Basilio Lacort. Sin embargo, sus textos, publicados en forma de tribuna y cartas al director, no son un mero ataque contra los antiguos carlistas. Entre las trampas tendidas por los ateneístas para crear una polémica desde la nada, subyace la nociva pretensión de poner el saber histórico al servicio de su ideología. 

En realidad, el auténtico historiador no es el ideólogo con el que cada partido se dota de un barniz cultural. Tampoco es el fanático que busca en los archivos documentos que, sibilinamente contextualizados, apoyan su causa ideológica. Por supuesto, dista mucho de ser el aficionado que, presa de su ignorancia, sin mala intención, juzga con displicencia a la historia y sus protagonistas.

El historiador es un hombre poseído de una vocación humanista. Sabe lo suficiente acerca del ser humano como para respetar el pasado. Vive consagrado a su estudio. Interviene en congresos y foros académicos, participa en publicaciones científicas y escribe libros que arrojan luz sobre un período determinado de la historia. A veces ejerce la docencia sobre aquello que conoce. En ocasiones colabora también en los periódicos, ya sea mediante páginas o tribunas dedicadas a la historia.

En nuestro tiempo, el historiador tiene algo de rebelde, pero no porque utilice la historia como arma, sino porque está en guerra continua contra los escépticos que niegan la posibilidad de conocer el pasado. Tampoco se puede desdeñar su vocación de aventurero metido en mil barros para rescatar la verdad. La dificultad de este trabajo le exige una rigurosa preparación.

Por supuesto, el historiador puede pertenecer a un partido, o profesar una ideología. Sin embargo, su respeto por el pasado le obliga a dejar sus preferencias en la puerta del archivo. En realidad, no hay historia carlista o anti-carlista, abertzale o españolista. Existe, parafraseando a Juan Pablo Fusi, buena o mala Historia.



lunes, 23 de enero de 2017

"Nosotros, los carlistas, debemos seguir en la lucha"

Carlos Javier de Borbón-Parma ha enviado un comunicado en el que vuelve a asumir su condición de líder de los carlistas. Don Carlos llama a sus seguidores a cumplir con el deber de ofrecer un cambio profundo a los problemas sociales y políticos.



Actualizar el bien común

Carlos Javier de Borbón-Parma convoca a los carlistas para seguir en combate porque están en juego “la naturaleza, la paz y la justicia”. Don Carlos propone una reacción que desde la base de la sociedad afecte a las altas esferas políticas. De esta manera, manifiesta su intención de darle un sentido al “bien común” desde el ámbito local, sin perder la referencia universal.

Don Carlos invita a asumir responsabilidades de cara a las generaciones futuras, de manera concreta. Esta respuesta responsable, basada en “la participación inteligente, activa y crítica de los ciudadanos”, exige también, según don Carlos, instituciones sólidas.


El príncipe de la ecología

Con su sensibilidad habitual hacia la ecología, tema recurrente en sus manifiestos, don Carlos señala que el cambio climático no es sólo una evidencia científica: es también un grave peligro para el planeta como “casa común” y, en concreto, para la península ibérica.

Carlos Javier de Borbón-Parma augura un horizonte político difícil, con “guerras terribles” en el mundo por el control político de los recursos naturales. Don Carlos, en la línea carlista de intransigencia con la injusticia, ha profundizado en sus planteamientos ecologistas al señalar que la desidia de todos tiene su efecto en los más pobres, que sufren de manera más virulenta los efectos del “desprecio a la naturaleza”.

Don Carlos propone en su manifiesto algunas soluciones concretas: “Hay que vivir racionalmente, usando una fuente de energía limpia, moderando el uso de recursos naturales, como el agua, luchando contra los abusos y la malversación de unos bienes que son limitados”.

Una tradición de siglos

Don Carlos Javier de Borbón-Parma ha recordado en su texto a los carlistas la exigencia de vivir sus tradiciones seculares. Así, ha enlazado su discurso con la festividad de la monarquía tradicional, instituida por Carlos VII y celebrada por carlistas de todas las Españas. Tampoco ha pasado por alto la oportunidad de recordar el reciente bautizo de su hijo, Carlos Enrique, en Barcelona. De esta manera, enlaza el pasado, el presente y el futuro de un movimiento que aspira a plantear una alternativa a la crisis provocada por sus enemigos tradicionales.

lunes, 16 de enero de 2017

Navarra en el mapa

Este lunes los grupos políticos del Parlamento de Navarra, con la excepción del PP, han apoyado la campaña a favor de la transexualidad de menores organizada por la asociación Chrysallis. El PP se ha abstenido, aunque Ana Beltrán, su portavoz, ha defendido la causa transexual y ha afirmado que la campaña podría haberse realizado de otra manera. 

Los carlistas de Navarra queremos señalar este nuevo caso de unanimidad entre las fuerzas políticas del arco parlamentario. En un asunto verdaderamente esencial, la ideología de género, todos los partidos políticos con representación parlamentaria coinciden. Sería deseable que mostraran la misma coincidencia a la hora de aplicar medidas que promuevan y protejan a las familias navarras.

Además, no hay sólo una misma identidad ideológica entre los partidos. Han vuelto a demostrar que siguen muy alejados de sus votantes. En los últimos días hemos vivido una campaña vecinal sin precedentes que ha logrado la retirada de la propaganda de Chrysallis. Los partidos políticos con escaño han optado por criminalizar a quienes se han atrevido a disentir. Es la misma estrategia seguida para evitar resolver problemas como el del paro. La culpa siempre es de los demás, de tal o cual partido, de tal o cual empresario. 

Vale la pena señalar también el silencio mediático, a pesar del empuje de tanta gente corriente. El silencio ha sido quebrado por pequeñas excepciones. Los medios de comunicación mayoritarios -prensa, digitales, radio, televisión- no apoyan directamente la campaña de Chrysallis, pero introducen la ideología de género de manera sibilina a través de contenidos políticos, sociales y culturales.

Por último, los carlistas de por aquí queremos mandar un afectuoso saludo al muchacho que en Nueva York, después de haber gastado treinta mil dólares en la campaña de Chrysallis, busca ahora Navarra en el mapa. Diríase que somos galos, pero no, somos navarros. Sin druidas ni pociones.