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domingo, 24 de diciembre de 2017

Nuevas pintadas de ETA en la Chantrea


La decisión de renombrar la Chantrea como Txantrea ha generado malestar entre la mayoría de los vecinos del barrio. Esta medida, a todas luces ideológica, destinada a desarraigar al barrio de su verdadera historia e identidad, ha gustado menos de lo que esperaban los ideólogos que consideraban que el barrio estaba ya preparado para el cambio final.

Pero la insumisión de los vecinos de la Chantrea, reacios a perder su identidad, ha motivado que esta noche un grupo de violentos haya grabado anagramas de la banda terrorista ETA en las calles del barrio. Los carlistas de Navarra queremos denunciar este acoso.

Los vecinos de la Chantrea no deberían madrugar viendo pintadas desagradables y mucho menos semejantes actos de exaltación del terrorismo. Las calles de la Chantrea no pueden convertirse en un campo de batalla. Nuestros hijos no deberían jugar en medio de ninguna amenaza.

Los autores de las pintadas merecen un castigo ejemplar. Los carlistas sugerimos que sean ellos mismos quien limpien las paredes de la Chantrea. También podrían realizar otros trabajos comunitarios relacionados con la gestión de las basuras. De esta manera, los autores de las pintadas podrían integrarse en la verdadera vida del barrio, sirviendo a toda la comunidad y no sólo a sí mismos.

Los carlistas de Navarra queremos alertar también que esta situación de violencia que vive la Chantrea puede extenderse perfectamente al resto de barrios de Pamplona, porque la izquierda abertzale pretende cambiar radicalmente, en su totalidad, la configuración de nuestra ciudad.

Por último, y desde la calle, como cada año, en este tiempo que precede al nacimiento de Cristo, los carlistas deseamos a todos los navarros una muy Feliz Navidad. Esta noche ya no hará frío, y cada barrio, cada edificio, cada casa, serán un poco más acogedores, algo más hogares, para recibir al Hijo de Dios.


24 de diciembre de 2017

viernes, 6 de octubre de 2017

"La prioridad fundamental que hay que defender es la Concordia"

Don Carlos de Borbón-Parma ha vuelto a proponer el sistema foral como solución a la crisis política que atraviesa España. En su nuevo mensaje, no exento de críticas a los líderes políticos, don Carlos expresa también el deseo de que la sociedad recupere la concordia que hace posible el buen gobierno.

Juntos somos

Don Carlos da por hecho un enfrentamiento planeado para dividir a los españoles y renueva el mensaje de los carlistas: no sólo somos mejores juntos, sino que, en realidad, juntos somos y no es posible entender España sin la especial relación establecida entre sus pueblos. “Si esa concordia se rompe desaparecerá todo lo demás, desaparecerá la legalidad, desaparecerá el sentido de comunidad y desaparecerá la posibilidad de solucionar cualquier tipo de problema, abriéndose paso en nuestras queridas Españas toda clase de sentimientos negativos de los que serán esclavas las generaciones futuras”, escribe don Carlos.


Apuesta por los fueros

El objetivo principal del mensaje de don Carlos de Borbón-Parma es evitar el enfrentamiento entre los pueblos que hacen posible España. La propuesta política concreta de don Carlos es el federalismo actualizado, al modo de los fueros de siempre. El sistema federal –entendido entre los navarros como la solución foral-, podría hacer real el gobierno de las regiones españolas si se entiende éste como una relación de armonía y no el caos de competencias y la voracidad egoísta provocada por los nacionalismos. Para que esta solución pueda llevarse a cabo, don Carlos ha propuesto actualizar la Constitución

Don Carlos vuelve a interpelar a sus leales y a los políticos

En la tónica de sus mensajes anteriores, don Carlos ha vuelto a dirigirse expresamente a sus carlistas, a la vez que ha asumido el deber de encarnar y llevar a cabo la labor de sus predecesores. “Consciente de las obligaciones que recaen sobre mí como representante del legado histórico de la Dinastía carlista, con la memoria de mis antecesores, con la lealtad sacrificada y persistente que hacia ellos mostraron miles y miles de españoles durante dos siglos, y en definitiva con el significado histórico del Carlismo, pero también como ciudadano español y europeo, me impelen a trasladar y compartir con vosotros las siguientes reflexiones con el fin de contribuir a esbozar un camino diferente al del enfrentamiento ya previsto”.

Don Carlos ha llamado a la calma a sus partidarios para que puedan llevar a cabo la necesaria labor de mediación allá donde fuera posible. “Comprendo las profundas emociones que la situación de hoy puede desencadenar, pero debemos mirar a nuestra Historia y sacar las lecciones que ella nos ofrece. La violencia no lleva a soluciones duraderas”.

Por otra parte, don Carlos se ha mostrado muy crítico con la labor desempeñada por los líderes de los partidos políticos, a los que ha recordado su misión de servicio al bien común. En este sentido, ha exigido valentía y grandeza a los gobernantes españoles. “El momento concreto que vivimos es preocupante. La situación que se da en Cataluña está demostrando que las autoridades políticas, tanto del Gobierno español como las de la Generalitat, nos conducen a un escenario de confrontación y fractura. Y en ningún caso es admisible que aquellos que tienen la responsabilidad de gobernar pierdan el control sobre los acontecimientos”.

Don Carlos en Barcelona

En este nuevo mensaje, don Carlos ha recordado el significado que tiene para él Barcelona, donde murió su padre, don Carlos Hugo, y presentó a su hijo don Carlos Enrique, en un acto que contó con una representación de los carlistas navarros. También ha dirigido palabras de apoyo a quienes están sufriendo el enfrentamiento.


El comunicado completo puede leerse AQUÍ.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Partidos políticos: el fin de lo público

Desde hace un tiempo, puede que bastantes años, los carlistas reflexionamos acerca de los partidos políticos. Cuando nos llegó este vídeo sobre la crítica que hace Simone Weil, invitamos a una serie de jóvenes carlistas a que nos enviaran una reflexión. Esta es la primera de las opiniones que nos llegaron.


***

Simone Weil es una filósofa que no he tenido el gusto de leer y, por tanto, difícilmente podré dar una opinión autorizada acerca de su pensamiento sobre los partidos políticos. Pero, si me remito al vídeo que Enric Fernández ha publicado en su canal de Youtube, podría decir que estoy de acuerdo en ciertos aspectos interesantes con la crítica de la filósofa francesa.

Algo de contexto: recordemos que la filosofía política moderna tiene en parte su génesis en el gran reto de limitar el poder absoluto de las monarquías europeas del siglo XVI, XVII y XVIII. El rey, concebido como una persona privada y un gobernante no representativo, ejercía, en opinión de algunos, un poder omnímodo y no daba espacio a otros agentes públicos para organizar la vida social. En mi opinión, este problema es una de las metas intelectuales de los modernos de todos los tiempos, sea consciente o inconscientemente.

Hay una cuestión interesante aquí: si tu meta es luchar contra el poder absoluto de una manera obsesiva –utilizando toda la filosofía, la política, la retórica y la literatura política–, precisamente transformas la visión acerca del poder como servicio público en una especie de báculo todopoderoso que quien lo tiene, lo utiliza para subyugar a los otros. La visión antropológica de ciertos ilustrados –no todos, claro– es que el hombre es un lobo para el hombre y que solo la civilización es la salvación del egoísmo fundamental del ser humano. Esta visión pesimista acerca de la riqueza espiritual humana es un gran problema.

Todo lo que he dicho son generalidades sin ningún valor histórico en lo que exactitud se refiere. Aquí hablo de tendencias que yo estimo fundamentales desde el siglo XVI y XVII hasta el día de hoy. Y una de ellas es la de concebir a un enemigo fundamental de la libertad social: el absolutismo político. Se ha creado una actitud filosófica –llámese democracia, liberalismo...– en la que las instituciones sociales y políticas se han utilizado, no para llegar a la verdad o la justicia particular de la comunidad política en el momento histórico que esté viviendo, sino para luchar contra el fantasma del tirano.

A los tiranos hay que combatirlos con firmeza claro, pero si uno se obsesiona con ellos, reproduce al enemigo inconscientemente en la misma estructura política que intenta defender. Véase en los manuales de Psiquiatría las características del Trastorno Obsesivo-Compulsivo o las características de una profecía autocumplida. Los partidos políticos se iniciaron como cauces para establecer la representación política de los ciudadanos en las cámaras legislativas. En su génesis, quizá no fueron malos o no lo fueron en todas las cortes democráticas. Sin embargo, la lucha política que se estableció en los parlamentos liberales forjó una psicología política orientada a conseguir el poder para luchar permanentemente contra la tiranía. El complejo de salvador que los partidos políticos, los programas electorales y toda suerte de retóricas dieron a luz, elevó a cada partido político y a cada ideología a la categoría de monarca absoluto en medio de una guerra institucional por conseguir una “mayoría absoluta” que les legitimara.

Enric Fernández ha dicho algo muy interesante: en materia de representación conseguida en unas elecciones, nunca es suficiente el número de escaños conseguidos para los partidos políticos. Una victoria aplastante sería celebrada con mucho mayor gozo, si cupiera, que una victoria moderada. El partido político, como encarnación concreta de la filosofía política moderna, lucha contra la tiranía política desde su particular punto de vista. Quiere conseguir la libertad desde su parcela ideológica contra los que ejercen, aún de manera oculta, algún tipo de poder absoluto: el económico, el familiar, el religioso... Considera que su ideología es la única que puede establecer la paz y la concordia. Tolerará o respetará reverencialmente a otros partidos o participará de un sistema al que profesa estima; pero, sin embargo, se considera a sí mismo la más alta encarnación de los valores democráticos o sociales. Si no fuera así, ese partido no tendría militantes, ¿no? Por todo ello, el partido considera que una victoria electoral aplastante es el mejor escenario posible. En el fondo, el partido político, como fenómeno político, tiene un gran desprecio a las otras instituciones políticas. Los hay con más escrúpulos (los liberales) o con menos (los comunistas y bolcheviques) y, sin embargo, ambos profesan un mismo desprecio a la pluralidad y al multiculturalismo.

Este tipo de génesis intelectual del concepto de partido, no es absoluta y tampoco se ha desenvuelto en el plano de las ideas. Es una evolución en las mentes de los propios seres humanos, muertos de miedo contra la tiranía desde hace 5 siglos. Por ello –repito– todo lo que he dicho es inexacto desde la perspectiva histórica: un cuento, un modo de contemplar la evolución histórica de las ideas. Pero pongo de manifiesto esta evolución porque creo que tiene cierta verdad interna y que puede iluminar el momento actual.

Hoy por hoy, consideramos que votar es el ejercicio de nuestra libertad. Sin embargo, los diputados que nos representan tienen disciplina de voto y de partido y solo elegimos listas cerradas y no a personas. No nos representan a nosotros, sino que representan a los partidos políticos, que aglutinan para sí un tipo de opinión sociológica generada por los medios de comunicación y por los discursos elocuentes que se venden en todas partes. En el parlamento no se utiliza la razón para discutir sobre los asuntos públicos, sino que los programas electorales de los partidos se imponen en la opinión misma de los diputados. Un partido político posiblemente no cambiará su opinión acerca de un tema en medio de una discusión parlamentaria en virtud de su respeto reverencial a la verdad política concreta, ya que él mismo se considera encarnación de la misma verdad política y de la justicia. Y si cambiara su opinión, lo haría por una mera cuestión estratégica. El vecino, en definitiva, queda anulado y no puede discutir en otros términos que en los de “derecha”, “izquierda”, “socialista”, “conservador”... Los partidos políticos imponen su propio discurso y toleran a los disidentes porque es la única manera de respetar a los otros partidos políticos a los que se enfrentan. Hablamos, claro, de la democracia, del menos malo –pero horrible e inaceptable– sistema político. Pero se afina cada día mejor, en dicha democracia, el ataque al hombre libre y anti-partido. El instrumento actual es la dictadura de lo políticamente correcto.

En ese discurso políticamente correcto participan partidos secretos que nadie conoce y que no son representativos. Masonería, poder económico y sectores industriales, casta política... En una sociedad partidista, lo público se desvanece necesariamente porque el hombre, que pretendía luchar contra el egoísmo y el absolutismo, se ha vuelto, en nombre de la libertad, un egoísta y un absolutista redomado.  

A.R.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Vuelta al cole (¿o vuelta al caos?)

Los profesores de secundaria a veces nos parecemos un poco a Roy, el replicante de Blade Runner que ha visto cosas hermosas vedadas a los humanos: ataques a naves en llamas más allá de Orión o rayos C brillando en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Los profesores de secundaria hemos visto recitar de memoria la lista de preposiciones a un chaval del barrio. Hemos visto su cara de asombro al estudiar el funcionamiento del cuerpo humano y hemos visto también, después de hablar de la invasión de Rusia por Napoleón Bonaparte, cómo ese mismo cuerpo humano, de apenas un metro y veinte centímetros de estatura, se estremecía de frío.


En algunos momentos, por encima de las materias maravillosas que enseñábamos, los profesores hemos tenido que reprimir alguna lágrima de emoción o de tristeza. En realidad, nuestra profesión tiene poco que ver con la técnica, aunque en estos días algunos revisemos nuestras programaciones o preparemos los exámenes recuperatorios de septiembre. La satisfacción de nuestro trabajo está en el largo plazo, en el agradecimiento de nuestros alumnos, en la certeza de que la sociedad también camina gracias a nosotros, aunque, por otra parte, la nuestra sea muchas veces una profesión en la que se pierde todos los días, porque hay, además de mucha incomprensión, un estado de incomodidad permanente.

Esta incomodidad ha crecido en los últimos años, y tiene que ver con algunas contradicciones que todos los profesores conocemos. Creo que podemos llamarlas ruido, aunque el problema sea ya difícil de nombrar.

Los profesores vemos cómo muchos padres se inmiscuyen en nuestra labor docente, en concreto, en aquella que tiene que ver con nuestro oficio y nuestro saber. Es decir, en un ámbito que no es de su competencia. Al mismo tiempo, los padres han descuidado su área de actuación específica, y no prestan la misma atención a lo que, si me lo permiten, llamaré “educación” de sus hijos.

En el aula también se reproducen de manera exponencial, quizá por la edad de los estudiantes, los problemas sociales. Estos problemas también tienen que ver con las familias. La fragilidad de la institución familiar, por ejemplo, ha tenido terribles consecuencias para los chavales, aunque haya quien se contente con reducirlas al mero ámbito del fracaso escolar.

También es palpable la infiltración de las ideologías y del Estado en nuestras aulas, que viola la independencia de los profesores e incluso la de tantos padres decididos a ser ellos quienes eduquen a sus hijos. En este sentido, no puedo dejar de recordar a Juan Vázquez de Mella, que señalaba una contradicción flagrante en la acción del Estado sobre la educación: “Ese Estado, que comienza asegurando no conocer nada, que nada sabe de los grandes problemas que al hombre y a la sociedad se refieren; él, que no admite ningún principio fijo, ni religioso, ni moral, ni jurídico, él, se convierte en pedagogo, monopoliza la enseñanza y no consiente que nadie comparta con él esa tarea”.

El capitalismo, la doctrina económica más extendida en nuestra sociedad, la verdaderamente rectora, ha orientado a los colegios hacia el mercado y ha extendido a ellos el principio de competencia, una guerra a muerte, sin reglas, por el cliente, que siempre tiene la razón. Algunos de ellos desaparecerán en los próximos años, incapaces de satisfacer unas demandas quizá muy pregonadas, pero no siempre de acuerdo con los fines de un colegio.

Las propias demandas de los padres, fijadas por el mercado, guían la acción de todos los miembros de la comunidad educativa. ¿Quién establece realmente el currículo? Los colegios lo han orientado hacia el mercado y cada vez está más presente el objetivo de preparar a los estudiantes para un futuro exclusivamente laboral que, dicho sea de paso –y, como se dice, “en un mundo cada vez más cambiante”- es imposible de predecir. De esta manera, asignaturas como el inglés o aquellas consideradas “útiles” ganan terreno frente a otras como la Filosofía o la Plástica. Los propios defensores de estas asignaturas minusvaloradas recurren a argumentos utilitaristas.

El profesor trabaja pues, en medio de muchas contradicciones de las cuales, no podemos obviarlo, también es protagonista. Los profesores también somos padres, y nos vemos afectados por el mercado, y cedemos a sus exigencias porque también, ¿y quién no?, a veces nos amedrenta el miedo de que nuestros hijos no tengan un futuro agradable o nosotros mismos perdamos el trabajo con el que mantenemos a nuestras familias. Somos, además, miembros de la sociedad y contribuyentes del Estado –y el sistema económico- que se inmiscuye en la educación.


¿Cómo cabalgar tantas contradicciones? En el día a día, los servimos como podemos, a veces de manera inconsciente, en el olvido de que servimos, pero haciendo, en construcción permanente, creciendo con nuestros alumnos, descubriendo con ellos la fuente de la eterna juventud. Nuestros estudiantes más jóvenes continuarán memorizando la Canción del Pirata de Espronceda, aprendiendo acerca de la reproducción del ser humano y maravillándose de que el acueducto de Segovia siga aún en pie. El asombro es suyo, no sólo nuestro, de los profesores, que también cometemos muchos errores en el aula, porque somos hombres.

Sin embargo, hay problemas que superan lo cotidiano. El ruido va en aumento: el Estado impone su ideología, el capital –editorial, comercial, mercantil- escribe las leyes, también los pedagogos han introducido una antropología, cada vez más extendida, que coincide con los intereses de quienes tienen una mera concepción laboral del futuro de las personas. No hay demasiada reflexión sobre todo esto, en un mundo tan crepuscular como el de Blade Runner y los replicantes. Este artículo no contribuye a desenrollar esta buena madeja, pero quizá el primer paso sea reconocer la complejidad de todo esto. No hay tampoco demasiada gente que se haga grandes preguntas como, por ejemplo, ¿por qué mandamos a los niños -durante algunos años obligados por el Estado- a estos lugares en donde hay tanto desorden?

Don Minervo

sábado, 8 de abril de 2017

Por un fin de ETA sin impunidad

Foto: Zarateman

Este ocho de abril se ha puesto en marcha la búsqueda de los últimos zulos con material de ETA. Es lo que se ha llamado el desarme de ETA. La información para encontrar los depósitos, que contienen armas, munición y explosivos, la ha proporcionado la propia banda terrorista. El acto simbólico de entrega del material, mediante un inventario, se ha escenificado en el ayuntamiento de Bayona (Francia).

En estos días, suscitado por este proceso llamado “de desarme”, víctimas del terrorismo de ETA, intelectuales y algunos miles de personas han firmado un manifiesto titulado “Por un fin de ETA sin impunidad”. Este colectivo, con el que los carlistas de Navarra nos identificamos, critica que la supuesta paz esté sometida al criterio de quienes durante décadas han sembrado de terror nuestras calles.

La reacción al desarme de ETA encierra, en verdad, un problema moral. Decían nuestros antiguos que no puede haber verdadera paz sin justicia, y tenían razón. El criminal puede dejar el arma en el lugar del crimen, junto al cadáver de su víctima, o arrojarlo a un río cualquiera, caudaloso y sin testigos, pero esto no obsta para que los representantes de la ley lo persigan hasta que cumpla una pena por sus crímenes.

Dejar el crimen impune puede ofrecer una cierta apariencia de paz. Los representantes del orden no patrullarán las calles ni ningún vecino será molestado por periodistas. Sin embargo, ¿quién puede vivir tranquilo en una comunidad en la que los delitos permanecen sin pena y los criminales transitan libremente por los caminos?

En cierto momento de nuestra literatura, el caballero manchego don Quijote le recordaba a su escudero que a la hora de impartir justicia no debía olvidar que la misericordia era el único motivo por el cual debía doblar su vara. Podría, quizá, apelarse en este caso al perdón. Sin embargo, la realidad lo hace imposible. Estos criminales se mofan de la clemencia. De antemano, mucho antes de que tuviera lugar esta farsa, ya preparaban sus memoriales de agravios. Ahora esperan, después del teatro, obtener privilegios. ¿Quién puede ser tan ingenuo de creer a estos lobos? ¿Quién considera derrotados a quienes, décadas después, han logrado que su ideología se expanda hasta el punto de que aquí, en Navarra, ondean ya sus banderas?

Recordaba Chesterton que en nuestro mundo las virtudes cristianas se han vuelto locas. Nadie mejor que él para describir la opinión general de los carlistas ante esta farsa de ETA. Por eso nuestra condena más firme va dirigida no sólo a los terroristas, sino también a quienes, siendo conscientes del teatro, se han apresurado a la propaganda. Pocas cosas hay más ruines que abanderar la virtud para conseguir un fin abyecto. Hipócritas son, al fin y al cabo, quienes se han dirigido gozosamente al ayuntamiento de Bayona como para asistir a un acto histórico. Hipócritas son, también, los individuos que bajo el sobrenombre cursi –casi burlesco- de “artesanos de la paz” han vaciado de contenido las virtudes cristianas.

Tampoco conviene dejar pasar la oportunidad de lanzar una alerta a quienes guiados por impulsos nobles ven con buenos ojos la farsa de ETA. También parecía lleno de sublime hermosura aquel episodio en el que don Quijote galopó para liberar a los galeotes. Luego fue apedreado por ellos, liderados por un tal Ginés de Pasamonte que a nosotros, que nunca tuvimos un Quijote ilustrado y nos guiamos por las palabras de Cervantes, nos recuerda, en espíritu, a Arnaldo Otegi. 

viernes, 10 de marzo de 2017

¿Sirve esta iniciativa para algo?


"(...) desde principio del siglo XIX, han perecido a la sombra de la bandera de Dios, Patria y Rey, en los campos de batalla, en el destierro, en los calabozos y en los hospitales..."

Hoy los carlistas estamos de fiesta. Cada diez de marzo celebramos los Mártires de la Tradición en recuerdo de los que murieron por nuestra Causa. En previsión de tal fecha, el capitán de esta compañía pidió a este redactor un pequeño artículo. La tentación ha sido componer algún tipo de salmodia de batallas y hechos alucinantes, o, cuando menos, un homenaje rotundo a algún personaje de nuestra dilatada historia. Sin embargo, dado que hoy es nuestra fiesta, este redactor se ha permitido lanzar un guante a quienes, como él, celebran a sus muertos. Hoy esta página recoge un texto para los carlistas.

El carlista común sigue este blog con algún tipo de expectativa. Quizá porque este altavoz de los Carlistas de Navarra mantiene un tono diferente. Aunque somos pocos, y no estamos registrados, ni tenemos “Reinos” ni “Federaciones”, ni “Partidos” ni “Comuniones”, hemos articulado un proyecto carlista basado en tres pilares: convivencia, barrio y actitud.

En torno a nuestras propuestas pretendemos ahora abrir un debate.

Los Carlistas de Navarra, a pesar de que la leyenda nos caracteriza como mitad ogros mitad trabucaires, valoramos la convivencia. Mucha gente elogia ideales de tolerancia y consenso, pero nosotros hemos visto que, en realidad, no hay demasiado de esto en la calle. Es como si alguien quisiera enfrentarnos a todos, incluso a los carlistas, que somos pocos y estamos en invierno.


Ante esta realidad, nosotros nos juntamos, hablamos de nuestras cosas, criticamos y alabamos, y tratamos de elaborar las respuestas constructivas que consideramos necesarias en una sociedad tan quebrada por el odio. Se trata de una con-vivencia basada en ideales compartidos, el respeto mutuo y las hazañas de cada cual, como en el poema de Calderón dedicado a la milicia: “porque aquí a lo que sospecho / no adorna el vestido el pecho / que el pecho adorna al vestido”.

Nos organizamos a nivel de barrio. Entre otras cosas, nos importa lo que sucede en los barrios de Pamplona porque vivimos en ellos. Esto puede parecer una obviedad, pero hace falta recordarlo de vez en cuando. En torno a nuestros barrios, y velando por su salud, hemos presentado algunos textos en prensa. Como formamos parte de un mismo municipio, también tenemos recogidas propuestas municipales.

Asumimos un poco la misión de mirar a nuestro alrededor, pensar sobre lo que vemos y hacer sugerencias. Tenemos mucho de  núcleo de reflexión, esta es nuestra manera de practicar el Carlismo. La actitud reflexiva enriquece bastante al grupo. Nos cuestionamos las cosas y tratamos de salir al paso de problemas actuales.

Sin embargo, no somos un grupo de pensadores. Somos más bien un grupillo de personas que practican amores y lealtades. Esto nos cohesiona bastante. Creemos en la Redención, tenemos un interés sincero por las ideas de don Carlos de Borbón-Parma y compartimos un sano escepticismo hacia un montón de formas de derrota. Estas lealtades se concretan en las acciones que hemos realizado en dos años de iniciativa.

Hoy, diez de marzo, nos planteamos si sirve todo esto para algo. ¿Tiene sentido esta militancia concreta? Es decir, ¿estamos siguiendo, de manera correcta, los pasos de quienes dieron su vida por esta Causa?

Entre los carlistas esto se habla mucho. Más o menos, tenemos todos bastante claro que estamos llamados a disolvernos en la sociedad. No en un sentido negativo, sino como aquellos carlistas que, después de poner en marcha las Javieradas, dejaron que la vida las regalara al pueblo de Navarra. El problema es, ¿cómo seguir disolviéndose?

Algunas personas han optado por dejar de lado las estructuras propiamente carlistas y están en partidos, asociaciones, círculos culturales. Son abiertamente carlistas, pero ven más beneficioso para la sociedad su trabajo concreto en estos lugares. Nosotros, sin dejar de lado esta opción, nos juntamos de vez en cuando bajo el paraguas de Carlistas de Navarra para reflexionar y actuar directamente “en carlista”. Estamos convencidos de que de pequeños núcleos similares pueden salir ideas muy buenas.

De hecho, vuelven a tenerse en cuenta hoy valores como la cooperación y el autogobierno que los carlistas llevamos muchos años concretando. Se buscan en el extranjero ideales que nosotros hemos mantenido, como el patriotismo y la garantía monárquica. Incluso algunas personas, tratando de concretar la autogestión y la subsidiariedad, creyéndose audaces descubridores de realidades originalísimas, han conferido nombres nuevos a nuestros viejos fueros.

¿Les convence la respuesta? Nosotros tenemos a disposición de quien quiera un correo electrónico, carlistasdenavarra@gmail.com, para que nos envíen suspicacias, opiniones, sugerencias…

jueves, 2 de marzo de 2017

Hazte Oír y Chrysallis: dos caras de la misma revolución

Los carlistas de Navarra condenamos la intención del lobby Hazte Oír de visitar Pamplona con su propaganda. Un mes después de que una reacción vecinal sin precedentes obligara a la asociación Chrysallis a retirar su campaña a favor de la transexualidad de menores, Hazte Oír ha resucitado viejos males con el fin de acaparar la atención mediática. 

La táctica de Hazte Oír no es muy diferente de la de la asociación Chrysallis, que puso a Navarra en el mapa después de haber viajado a Nueva York para conseguir los dólares con los que trataron, sin éxito, de sembrar la polémica en nuestros barrios. Los lobbys se alimentan de polémicas.

La intención del lobby es convertirse en una referencia a cualquier precio, renunciando incluso a la legítima participación política y cultural para obtener el rédito que proporcionan a corto plazo sus maniobras provocadoras. Hazte Oír ha convertido así varias causas justas en amenazas para la convivencia vecinal. 

Por supuesto, a los carlistas no nos preocupa sólo que una entidad nociva pervierta una causa. Más crítico nos parece que, resucitada la polémica sobre el escenario mediático, los escasos partidarios de la ideología de género utilicen la campaña de Hazte Oír para ridiculizar la defensa de la naturaleza humana. De esta manera, Hazte Oír contribuye a la campaña de persecución de la infancia iniciada por la asociación Chrysallis, que ya trató de educar a nuestros vecinos más jóvenes a través de una agencia de publicidad.




Sin una comunidad que los respalde, ni una cultura que los impulse a la vanguardia, es propio de los lobbys alimentarse de las falacias que ideologías rivales crean y los medios vocean. Mientras el vecino comprometido reacciona para proteger a quienes ama, el lobby procura mantener con vida el ataque que sufre la familia del vecino, pues puede auparle al poder. Por supuesto, al lobby le importa muy poco que los partidarios de tal o cual ideología vivan de hacerse las víctimas, porque el lobby necesita espacio de influencia, debe atacar para seguir creciendo.

Los carlistas de Navarra defendemos que el ámbito propio de la educación de niños y jóvenes es la familia. Por tanto, seguiremos reaccionando ante cualquier intento de violar el legítimo derecho de los padres a educar a sus hijos. También seguiremos advirtiendo, aunque duela, de la presencia de lobos con piel de cordero dispuestos a pervertir hasta lo más sagrado.

Por último, los carlistas queremos pedir a todos los partidos políticos y colectivos que se han solidarizado con la propaganda a favor del transexualismo que actúen con la misma contundencia a la hora de defender y aplicar medidas que protejan a las familias navarras.


Los revolucionarios son profesionales de la alarma social
 Foto de Konstantinos Stampoulis para Wikimedia

martes, 28 de febrero de 2017

Defensa de los historiadores

Desde hace dos semanas, cada día asistimos en las páginas del Diario de Noticias y de Naiz a un debate acerca del Carlismo, promovido por socios del Ateneo Basilio Lacort. Sin embargo, sus textos, publicados en forma de tribuna y cartas al director, no son un mero ataque contra los antiguos carlistas. Entre las trampas tendidas por los ateneístas para crear una polémica desde la nada, subyace la nociva pretensión de poner el saber histórico al servicio de su ideología. 

En realidad, el auténtico historiador no es el ideólogo con el que cada partido se dota de un barniz cultural. Tampoco es el fanático que busca en los archivos documentos que, sibilinamente contextualizados, apoyan su causa ideológica. Por supuesto, dista mucho de ser el aficionado que, presa de su ignorancia, sin mala intención, juzga con displicencia a la historia y sus protagonistas.

El historiador es un hombre poseído de una vocación humanista. Sabe lo suficiente acerca del ser humano como para respetar el pasado. Vive consagrado a su estudio. Interviene en congresos y foros académicos, participa en publicaciones científicas y escribe libros que arrojan luz sobre un período determinado de la historia. A veces ejerce la docencia sobre aquello que conoce. En ocasiones colabora también en los periódicos, ya sea mediante páginas o tribunas dedicadas a la historia.

En nuestro tiempo, el historiador tiene algo de rebelde, pero no porque utilice la historia como arma, sino porque está en guerra continua contra los escépticos que niegan la posibilidad de conocer el pasado. Tampoco se puede desdeñar su vocación de aventurero metido en mil barros para rescatar la verdad. La dificultad de este trabajo le exige una rigurosa preparación.

Por supuesto, el historiador puede pertenecer a un partido, o profesar una ideología. Sin embargo, su respeto por el pasado le obliga a dejar sus preferencias en la puerta del archivo. En realidad, no hay historia carlista o anti-carlista, abertzale o españolista. Existe, parafraseando a Juan Pablo Fusi, buena o mala Historia.



sábado, 19 de noviembre de 2016

El odio y la indiferencia no son una solución a los problemas de la Chantrea

En la mañana de hoy el barrio pamplonés de la Chantrea ha vuelto a aparecer con nuevas pintadas de la kale borroka. Los carlistas denunciamos que el odio no puede ser una respuesta a los problemas económicos y sociales que atraviesan nuestros vecinos.





Repercusión carlista en los medios: Navarra.com

martes, 9 de agosto de 2016

Siempre es más fácil disparar al espantapájaros

En estos días, las conversaciones sobre política son caóticas, violentas y a veces llegan hasta el punto de poner en riesgo amistades de siempre. En torno a estas discusiones es fácil detectar que hay poco razonamiento, mucho eslogan y, sobre todo, mucha falacia. Sí, falacia, en el sentido clásico, en el sentido que le daban a las falacias los maestros de la Retórica. El resultado es el caos más desesperante.

No está en nuestra mano que los líderes de los partidos recuperen el hábito de la buena discusión para resolver problemas, pero sí que a pie de calle, que es desde donde pensamos que ha de venir la regeneración social, todos los vecinos adquiramos conciencia de que hay que ponerse las pilas en eso de hablar las cosas para solucionar problemas.

Aunque duela decirlo, porque no lo estamos pasando bien, el cambio empieza por nosotros. Empecemos, pues, desechando algunos de los hábitos que nos crean problemas. Desechemos hoy la falacia del hombre de paja, es decir, esa trampa para rebatir argumentos que consiste no en atacar el argumento que trata de esbozarnos la persona con la que hablamos, sino en ridiculizar ese argumento, exagerarlo hasta el esperpento, para luego darle la puntilla. A esta falacia también se la conoce como “el espantapájaros”. Veamos un ejemplo:

-          -  Hay que distribuir mejor la riqueza.
-          -  No se puede andar expropiando a la gente, amigo.

Explicación de la falacia. Un tipo que está en un bar piensa que la riqueza está mal distribuida y que, por lo tanto, hay que repartirla mejor. Otro tipo, que no está de acuerdo identifica la distribución de la riqueza con la expropiación, que suena muy mal y es más difícil de sostener.

Otro ejemplo es aquel famoso monólogo de Clint Eastwood en Cazador blanco, corazón negro (1990) con una muchacha antisemita que utiliza la falacia del hombre de paja, exagera el mal comportamiento de algunos judíos del Soho de Londres durante la guerra, para justificar su posición antisemita.


A veces no queda más remedio que marcarse un Clint Eastwood, pero, al igual que los debates sobre política no tienen nada que ver con ganar finales olímpicas, las reuniones entre vecinos están para encontrarse y solucionar problemas, ya sean reuniones de escalera o plenos de ayuntamiento, no para colgarse medallas. Frente a las falacias de los malos, el diálogo de los buenos.

La falacia del hombre de paja parece una tontería, pero la usamos continuamente. Y tiene consecuencias insospechadas. Piensen ustedes, por ejemplo, en la izquierda abertzale y, a continuación, en los casos que conocen ustedes de jóvenes que, viniendo de hogares en los que jamás se ha ayudado a la izquierda abertzale, incluso de hogares que han sufrido la propaganda nacionalista y la kale borroka, se han pasado a militar con esa gente. No mentimos, tampoco contamos nada nuevo a algunos, cuando afirmamos que está detrás esta falacia. El paso de estos jóvenes a la izquierda abertzale tiene que ver con que allá donde se ha caricaturizado a la izquierda nacionalista ha bastado que los jóvenes bajaran al bar para que se les cayeran, de golpe, todos los prejuicios y, acto seguido, bien convencidos, se pasaran al otro lado, donde eran más majos, nadie echaba fuego por la boca y había mejor música.

***


Hagamos un esfuerzo por recuperar la razón.