lunes, 25 de diciembre de 2017
domingo, 24 de diciembre de 2017
Nuevas pintadas de ETA en la Chantrea
La decisión de renombrar la Chantrea como Txantrea ha generado malestar entre la mayoría de los vecinos del barrio. Esta medida, a todas luces ideológica, destinada a desarraigar al barrio de su verdadera historia e identidad, ha gustado menos de lo que esperaban los ideólogos que consideraban que el barrio estaba ya preparado para el cambio final.
Pero la insumisión de los vecinos
de la Chantrea, reacios a perder su identidad, ha motivado que esta noche un
grupo de violentos haya grabado anagramas de la banda terrorista ETA en
las calles del barrio. Los carlistas de Navarra queremos denunciar este acoso.
Los vecinos de la Chantrea no deberían
madrugar viendo pintadas desagradables y mucho menos semejantes actos de
exaltación del terrorismo. Las calles de la Chantrea no pueden convertirse en
un campo de batalla. Nuestros hijos no deberían jugar en medio de ninguna
amenaza.
Los autores de las pintadas merecen un castigo ejemplar. Los carlistas sugerimos que sean ellos mismos quien limpien las paredes de la Chantrea. También podrían realizar otros trabajos comunitarios relacionados con la gestión de las basuras. De esta manera, los autores de las pintadas podrían integrarse en la verdadera vida del barrio, sirviendo a toda la comunidad y no sólo a sí mismos.
Los carlistas de Navarra queremos
alertar también que esta situación de violencia que vive la Chantrea puede
extenderse perfectamente al resto de barrios de Pamplona, porque la izquierda
abertzale pretende cambiar radicalmente, en su totalidad, la configuración de
nuestra ciudad.
Por último, y desde la calle, como
cada año, en este tiempo que precede al nacimiento de Cristo, los carlistas deseamos
a todos los navarros una muy Feliz Navidad. Esta noche ya no hará frío, y cada barrio, cada edificio, cada casa, serán un poco más acogedores, algo más hogares, para recibir al Hijo de Dios.
24 de diciembre de 2017
viernes, 15 de diciembre de 2017
Miguel Garisoain, jefe de carlistas
Hoy hemos amanecido con la
noticia de la muerte de Miguel Garisoain, jefe de carlistas navarros. Que Dios
lo tenga en su Gloria.
El pasado 8 de julio había fallecido su
esposa, María Eugenia. Con ella le vimos muchas veces en primera línea, en los
actos que organizaba la Comunión Tradicionalista Carlista, sin importar el
frío, la lluvia o cualquier adversidad que se presentase. Toda su trayectoria
política, en cualquiera de los cargos que ocupó, fue sinónimo de lealtad a los
principios de la causa: Dios, Patria y Rey.
Miguel Garisoain deja tras de sí
una familia extensísima, fruto de una vida entera de servicio. Este patriota
navarro tuvo una vida fecunda. Desde primera hora de la mañana hemos recibido
el testimonio de militantes que reconocen el trabajo de Miguel Garisoain, jefe
de carlistas. Trabajó por la unidad e inspiró el respeto de sus correligionarios,
que hoy, por una parte, lamentamos su muerte y, por otra, celebramos su llegada
a la casa eterna.
El amor a la tradición tiene que
ver con la esperanza que nos han dejado hombres como Miguel. Como
otros que fueron antes que él, conocía el resultado final, sabía de la victoria
de Cristo. Entre las anécdotas que recordamos hoy, está el haber asistido con
él y su hijo Javier, después de una manifestación contra el aborto, en un
pequeño bar de Pamplona, a la elección de un nuevo Papa de la Iglesia: Francisco.
La tradición vive en el agradecimiento a los que fueron, a los que amaron antes que nosotros. Inmensamente
agradecidos, este grupo de carlistas quiere seguir recordando a este hombre
fuerte cada vez que, como manda la Ordenanza, como si de una oración se
tratara, el grito de los patriotas prenda fuego en el aire: ¡Viva España!
miércoles, 6 de diciembre de 2017
Una conspiración de cursis
Estos últimos meses hemos
escuchado muchas críticas al régimen constitucional vigente, algunas más
atinadas que otras. A los carlistas, que celebramos hoy a San Nicolás de Bari, todo
lo que rodea a la Constitución del 78 siempre nos ha parecido un argumento
cursi.
En los tiempos que han llamado de
“Transición” se creó toda una mitología: historietas, canciones, eslóganes.
Esta mitología a duras penas logró maquillar dos detalles fundamentales: que la
Transición y la Constitución de 1978 estaban protagonizadas por personas de la
dictadura franquista y que en España iba a seguir vigente un régimen de
despotismo. Canciones como Libertad sin
ira o el cuento terrorífico de una pre-Transición en la que los españoles
se odiaban a muerte apenas dieron verosimilitud a una realidad que se tambalea
hoy con nuevos problemas, como el de los independentistas catalanes. Incluso a
los autores del engendro, que (por ejemplo) fueron incapaces de prever que lo
que querían los independentistas era la independencia, se les ha dado en llamar
“Padres de la Constitución” con esa reminiscencia a lo estadounidense que tanto
deleita a los apátridas.
El mito es endeble: no estaba
construido para perdurar. Se sostiene con demasiada propaganda. Ya después de
que Tejero entrara en el Congreso a los listillos apenas se les ocurrió aquello
de “Ni está ni se le espera”, pero había muchos cabos sueltos. Los hechos
restaban verosimilitud a la historia. Desde entonces, ante cada uno de los
problemas alentados por la chapuza de los constitucionalistas ha habido respuestas
similares, in extremis, sin virilidad
alguna. Así, nos hemos cansado de escuchar expresiones difusas como
“disfunción” o “error en el diseño”, repetidas como un mantra, como magia, para
explicar la incapacidad de los constitucionalistas.
Despreciaron lo que perdura, la
voz de los pueblos, la sabiduría de los antiguos, el esplendor de la verdad, la
vida de España. Si hoy se mantiene todo el régimen de 1978 es porque es capaz
de funcionar, como las grandes máquinas de la burocracia, al margen de la
patria a la que debería servir. En fin, lo que tratan de ocultar los cursis es
lo siguiente: la Constitución de 1978 alimenta a miles de oficinistas a los que
España importa un bledo. Son derechistas e izquierdistas, agrupaciones de
intereses, partidos de notables, clubes de listillos. Pero su cursilería no les
salvará para la Historia.
***
“Las Constituciones antiguas
fueron el producto natural, espontáneo, de la realidad histórica; las modernas
son creación arbitraria de la abstracción filosófica. Las Constituciones
antiguas fueron la elaboración lenta y silenciosa de los siglos, el centro de
gravedad en que hallaron su equilibrio todas las moléculas del cuerpo social,
la resultante de varias fuerzas convergentes en el interés común; las
Constituciones modernas fueron hechas de golpe por un partido, a veces por unos
cuantos aventureros políticos y filósofos soñadores, en provecho de la facción
triunfante, contra todos los intereses históricos y el verdadero sentimiento
nacional. Las Constituciones antiguas aunque presentan algunas semejanzas entre
sí, se diferencian en muchas maneras por adaptarse al medio en que nacieron y
habían de vivir, al fin, como obra de la naturaleza; las Constituciones
modernas están cortadas por un mismo patrón inflexible, al cabo como engendros
de la idea.
De este origen y naturaleza
íntima de las Constituciones proceden sus diferentes caracteres de rigidez y
flexibilidad, de estabilidad o instabilidad. La Constitución antigua es
flexible y variada, como la naturaleza; la moderna rígida y uniforme, como una
fórmula algebraica; la antigua respondiendo a una verdadera necesidad social,
se arraiga profundamente en las entrañas de la sociedad, y es, por
consiguiente, estable y duradera; la moderna, hija del capricho e introducida
por la violencia, es ludibrio de las oscilaciones de la
opinión y de los vaivenes del albedrío. Finalmente, la moderna es artefacto
mecánico, y la antigua organismo vivo, como ha de ser toda buena Constitución,
porque, según la felicísima frase de Aristóteles, la Constitución es la vida
del Estado”.
P. Narciso Noguer, S.J.
(1858-1939)
jueves, 2 de noviembre de 2017
lunes, 9 de octubre de 2017
No puede haber España sin justicia
En estos días de
desconcierto, miles de personas se han echado a la calle para defender España
con los medios a su alcance. Desde Cataluña llegan noticias emocionantes, de
resistencia y amor a la misma España que llena, desde hace algunos días, las
plazas de nuestras ciudades. En cada bar, en cada calle, hay una oposición
espontánea al independentismo catalán, un esfuerzo vigoroso en común encarnado, por citar un ejemplo, por ese grupo de jóvenes de Figueres a los que veíamos ayudándose a trepar
para retirar una estelada.
En muchos casos
la resistencia se efectúa, además, con regocijo, con una animación imposible en
caso de ideología. El joven de Barcelona famoso por callar la cacerolada
independentista con música de Manolo Escobar no era el prototipo de hombre masa
creado por la propaganda, pues el hombre masa, arrastrado en estos días por el
odio, no entiende de la risa y mucho menos de la alegría sencilla que implica tener
patria.
También algunas personas que han
pensado mucho han escrito sus reflexiones durante estos días. Ha habido
proclamas y manifiestos intelectuales. Los medios de comunicación han multiplicado
coberturas con sorprendentes dosis de racionalidad. Entre los carlistas, ha
circulado una carta
de don Carlos en la que nos ha llamado a fomentar la concordia al mismo
tiempo que ha recordado que los fueros pueden constituir una solución integradora.
Sin embargo, el problema es mucho
más complejo. España se muere desde hace tiempo. Puede que aún haya españoles orgullosos de su bandera y el Estado siga
siendo poderoso, y tenga capacidad de llamar a la acción a miles de policías que detengan la subversión,
pero España tiene muy poco que ver con eso. España no es el Estado, ni el orgullo por una bandera, aunque lo
crean así personas tan distintas como Mariano Rajoy y Carlos Puigdemont.
La España que conocimos en casa,
cuando éramos pequeños, era un lugar donde imperaba la justicia. Había
malvados, por supuesto, pero quienes tenían el poder tenían también la
obligación de castigarlos y proteger a su pueblo. Sin embargo, en España hace
mucho tiempo en que la injusticia se ha acostumbrado a campar a sus anchas.
Tan familiarizados estamos con la
injusticia que celebramos, por ejemplo, que empresas que practican la usura y
esquilman a nuestro pueblo hayan decidido trasladar su sede fuera de Cataluña.
¿Qué tipo de patriotismo es este? ¿Qué patriota olvida que, por ejemplo, La
Caixa, condonó millones de euros de deuda a un
partido independentista? ¿Haría lo mismo con un vecino de a pie? Las empresas que abandonan Cataluña, ¿lo hacen por amor a España o por miedo a
perder sus bienes si la revolución se radicalizara?
En estos días escuchamos algunas
emotivas peticiones de diálogo. Alguna de ellas es singularmente llamativa,
pues no contempla la pena para los responsables de la revolución en Cataluña. ¿Qué
tipo de patriotismo es el de quienes, olvidando las más elementales normas de
justicia, proponen otra cosa que no sea la entrada en la cárcel de quienes han sublevado
a parte del pueblo catalán contra su propia comunidad y sus vecinos?
La concordia sólo puede ser
posible mediante la justicia pero, ¡ay!, no sólo hay injusticia en las calles
de Cataluña. En cada rincón de España, en tantas y tantas relaciones cotidianas,
en las jornadas laborales, en las transacciones comerciales, en las clases
escolares, en las sesiones parlamentarias y en muchos otros ámbitos impera la
injusticia. Todos conocemos ejemplos ¿Cómo no va a morirse España?
viernes, 6 de octubre de 2017
"La prioridad fundamental que hay que defender es la Concordia"
Don Carlos de Borbón-Parma ha
vuelto a proponer el sistema foral como solución a la crisis política que
atraviesa España. En su nuevo mensaje, no exento de críticas a los líderes políticos,
don Carlos expresa también el deseo de que la sociedad recupere la concordia
que hace posible el buen gobierno.
Juntos somos
Don Carlos da por hecho un enfrentamiento
planeado para dividir a los españoles y renueva el mensaje de los carlistas: no sólo somos mejores juntos, sino que, en realidad,
juntos somos y no es posible entender España sin la especial relación establecida
entre sus pueblos. “Si esa concordia se rompe desaparecerá todo lo demás,
desaparecerá la legalidad, desaparecerá el sentido de comunidad y desaparecerá
la posibilidad de solucionar cualquier tipo de problema, abriéndose paso en
nuestras queridas Españas toda clase de sentimientos negativos de los que serán
esclavas las generaciones futuras”, escribe don Carlos.
Apuesta por los fueros
El objetivo principal del mensaje
de don Carlos de Borbón-Parma es evitar el enfrentamiento entre los pueblos que
hacen posible España. La propuesta política concreta de don Carlos es el
federalismo actualizado, al modo de los fueros de siempre. El sistema federal –entendido
entre los navarros como la solución foral-, podría hacer real el gobierno de
las regiones españolas si se entiende éste como una relación de armonía y no el
caos de competencias y la voracidad egoísta provocada por los nacionalismos. Para
que esta solución pueda llevarse a cabo, don Carlos ha propuesto actualizar la
Constitución
Don Carlos vuelve a interpelar a sus leales y a los políticos
En la tónica de sus mensajes
anteriores, don Carlos ha vuelto a dirigirse expresamente a sus carlistas, a la
vez que ha asumido el deber de encarnar y llevar a cabo la labor de sus
predecesores. “Consciente de las obligaciones que recaen sobre mí como
representante del legado histórico de la Dinastía carlista, con la memoria de
mis antecesores, con la lealtad sacrificada y persistente que hacia ellos
mostraron miles y miles de españoles durante dos siglos, y en definitiva con el
significado histórico del Carlismo, pero también como ciudadano español y
europeo, me impelen a trasladar y compartir con vosotros las siguientes
reflexiones con el fin de contribuir a esbozar un camino diferente al del
enfrentamiento ya previsto”.
Don Carlos ha llamado a la calma
a sus partidarios para que puedan llevar a cabo la necesaria labor de mediación
allá donde fuera posible. “Comprendo las profundas emociones que la situación
de hoy puede desencadenar, pero debemos mirar a nuestra Historia y sacar las
lecciones que ella nos ofrece. La violencia no lleva a soluciones duraderas”.
Por otra parte, don Carlos se ha
mostrado muy crítico con la labor desempeñada por los líderes de los partidos
políticos, a los que ha recordado su misión de servicio al bien común. En este
sentido, ha exigido valentía y grandeza a los gobernantes españoles. “El
momento concreto que vivimos es preocupante. La situación que se da en Cataluña
está demostrando que las autoridades políticas, tanto del Gobierno español como
las de la Generalitat, nos conducen a un escenario de confrontación y fractura.
Y en ningún caso es admisible que aquellos que tienen la responsabilidad de
gobernar pierdan el control sobre los acontecimientos”.
Don Carlos en Barcelona
En este nuevo mensaje, don Carlos
ha recordado el significado que tiene para él Barcelona, donde murió su padre,
don Carlos Hugo, y presentó a su hijo don Carlos Enrique, en un acto que contó
con una representación
de los carlistas navarros. También ha dirigido palabras de apoyo a quienes
están sufriendo el enfrentamiento.
El comunicado completo puede leerse AQUÍ.
lunes, 11 de septiembre de 2017
Partidos políticos: el fin de lo público
Desde hace un tiempo,
puede que bastantes años, los carlistas reflexionamos acerca de los
partidos políticos. Cuando nos llegó este vídeo sobre la crítica
que hace Simone Weil, invitamos a una serie de jóvenes carlistas a que nos
enviaran una reflexión. Esta es la primera de las opiniones que nos llegaron.
***
Simone Weil es una filósofa que
no he tenido el gusto de leer y, por tanto, difícilmente podré dar una opinión
autorizada acerca de su pensamiento sobre los partidos políticos. Pero, si me
remito al vídeo que Enric Fernández ha publicado en su canal de Youtube, podría
decir que estoy de acuerdo en ciertos aspectos interesantes con la crítica de
la filósofa francesa.
Algo de contexto: recordemos que
la filosofía política moderna tiene en parte su génesis en el gran reto de
limitar el poder absoluto de las monarquías europeas del siglo XVI, XVII y
XVIII. El rey, concebido como una persona privada y un gobernante no
representativo, ejercía, en opinión de algunos, un poder omnímodo y no daba
espacio a otros agentes públicos para organizar la vida social. En mi opinión,
este problema es una de las metas intelectuales de los modernos de todos los
tiempos, sea consciente o inconscientemente.
Hay una cuestión interesante
aquí: si tu meta es luchar contra el poder absoluto de una manera obsesiva
–utilizando toda la filosofía, la política, la retórica y la literatura
política–, precisamente transformas la visión acerca del poder como servicio
público en una especie de báculo todopoderoso que quien lo tiene, lo utiliza
para subyugar a los otros. La visión antropológica de ciertos ilustrados –no
todos, claro– es que el hombre es un lobo para el hombre y que solo la
civilización es la salvación del egoísmo fundamental del ser humano. Esta
visión pesimista acerca de la riqueza espiritual humana es un gran problema.
Todo lo que he dicho son
generalidades sin ningún valor histórico en lo que exactitud se refiere. Aquí
hablo de tendencias que yo estimo fundamentales desde el siglo XVI y XVII hasta
el día de hoy. Y una de ellas es la de concebir a un enemigo fundamental de la
libertad social: el absolutismo político. Se ha creado una actitud filosófica
–llámese democracia, liberalismo...– en la que las instituciones sociales y
políticas se han utilizado, no para llegar a la verdad o la justicia particular
de la comunidad política en el momento histórico que esté viviendo, sino para
luchar contra el fantasma del tirano.
A los tiranos hay que combatirlos
con firmeza claro, pero si uno se obsesiona con ellos, reproduce al enemigo
inconscientemente en la misma estructura política que intenta defender. Véase
en los manuales de Psiquiatría las características del Trastorno
Obsesivo-Compulsivo o las características de una profecía autocumplida. Los
partidos políticos se iniciaron como cauces para establecer la representación
política de los ciudadanos en las cámaras legislativas. En su génesis, quizá no
fueron malos o no lo fueron en todas las cortes democráticas. Sin embargo, la
lucha política que se estableció en los parlamentos liberales forjó una
psicología política orientada a conseguir el poder para luchar permanentemente
contra la tiranía. El complejo de salvador que los partidos políticos, los
programas electorales y toda suerte de retóricas dieron a luz, elevó a cada
partido político y a cada ideología a la categoría de monarca absoluto en medio
de una guerra institucional por conseguir una “mayoría absoluta” que les
legitimara.
Enric Fernández ha dicho algo muy
interesante: en materia de representación conseguida en unas elecciones, nunca
es suficiente el número de escaños conseguidos para los partidos políticos. Una
victoria aplastante sería celebrada con mucho mayor gozo, si cupiera, que una
victoria moderada. El partido político, como encarnación concreta de la
filosofía política moderna, lucha contra la tiranía política desde su
particular punto de vista. Quiere conseguir la libertad desde su parcela
ideológica contra los que ejercen, aún de manera oculta, algún tipo de poder
absoluto: el económico, el familiar, el religioso... Considera que su ideología
es la única que puede establecer la paz y la concordia. Tolerará o respetará
reverencialmente a otros partidos o participará de un sistema al que profesa
estima; pero, sin embargo, se considera a sí mismo la más alta encarnación de
los valores democráticos o sociales. Si no fuera así, ese partido no tendría
militantes, ¿no? Por todo ello, el partido considera que una victoria electoral
aplastante es el mejor escenario posible. En el fondo, el partido político,
como fenómeno político, tiene un gran desprecio a las otras instituciones
políticas. Los hay con más escrúpulos (los liberales) o con menos (los
comunistas y bolcheviques) y, sin embargo, ambos profesan un mismo desprecio a
la pluralidad y al multiculturalismo.
Este tipo de génesis intelectual
del concepto de partido, no es absoluta y tampoco se ha desenvuelto en el plano
de las ideas. Es una evolución en las mentes de los propios seres humanos,
muertos de miedo contra la tiranía desde hace 5 siglos. Por ello –repito– todo
lo que he dicho es inexacto desde la perspectiva histórica: un cuento, un modo
de contemplar la evolución histórica de las ideas. Pero pongo de manifiesto
esta evolución porque creo que tiene cierta verdad interna y que puede iluminar
el momento actual.
Hoy por hoy, consideramos que
votar es el ejercicio de nuestra libertad. Sin embargo, los diputados que nos
representan tienen disciplina de voto y de partido y solo elegimos listas
cerradas y no a personas. No nos representan a nosotros, sino que representan a
los partidos políticos, que aglutinan para sí un tipo de opinión sociológica
generada por los medios de comunicación y por los discursos elocuentes que se
venden en todas partes. En el parlamento no se utiliza la razón para discutir
sobre los asuntos públicos, sino que los programas electorales de los partidos
se imponen en la opinión misma de los diputados. Un partido político
posiblemente no cambiará su opinión acerca de un tema en medio de una discusión
parlamentaria en virtud de su respeto reverencial a la verdad política
concreta, ya que él mismo se considera encarnación de la misma verdad política
y de la justicia. Y si cambiara su opinión, lo haría por una mera cuestión
estratégica. El vecino, en definitiva, queda anulado y no puede discutir en
otros términos que en los de “derecha”, “izquierda”, “socialista”,
“conservador”... Los partidos políticos imponen su propio discurso y toleran a
los disidentes porque es la única manera de respetar a los otros partidos
políticos a los que se enfrentan. Hablamos, claro, de la democracia, del menos
malo –pero horrible e inaceptable– sistema político. Pero se afina cada día
mejor, en dicha democracia, el ataque al hombre libre y anti-partido. El
instrumento actual es la dictadura de lo políticamente correcto.
En ese discurso políticamente correcto participan partidos secretos que nadie conoce y que no son representativos. Masonería, poder económico y sectores industriales, casta política... En una sociedad partidista, lo público se desvanece necesariamente porque el hombre, que pretendía luchar contra el egoísmo y el absolutismo, se ha vuelto, en nombre de la libertad, un egoísta y un absolutista redomado.
A.R.
En ese discurso políticamente correcto participan partidos secretos que nadie conoce y que no son representativos. Masonería, poder económico y sectores industriales, casta política... En una sociedad partidista, lo público se desvanece necesariamente porque el hombre, que pretendía luchar contra el egoísmo y el absolutismo, se ha vuelto, en nombre de la libertad, un egoísta y un absolutista redomado.
A.R.
miércoles, 30 de agosto de 2017
Vuelta al cole (¿o vuelta al caos?)
Los profesores de secundaria a
veces nos parecemos un poco a Roy, el replicante de Blade Runner que ha visto cosas hermosas vedadas a los humanos: ataques
a naves en llamas más allá de Orión o rayos C brillando en la oscuridad cerca
de la puerta de Tannhäuser. Los profesores de secundaria hemos visto recitar de
memoria la lista de preposiciones a un chaval del barrio. Hemos visto su cara
de asombro al estudiar el funcionamiento del cuerpo humano y hemos visto
también, después de hablar de la invasión de Rusia por Napoleón Bonaparte, cómo
ese mismo cuerpo humano, de apenas un metro y veinte centímetros de estatura, se
estremecía de frío.
En algunos momentos, por encima
de las materias maravillosas que enseñábamos, los profesores hemos tenido que
reprimir alguna lágrima de emoción o de tristeza. En realidad, nuestra
profesión tiene poco que ver con la técnica, aunque en estos días algunos revisemos
nuestras programaciones o preparemos los exámenes recuperatorios de septiembre.
La satisfacción de nuestro trabajo está en el largo plazo, en el agradecimiento
de nuestros alumnos, en la certeza de que la sociedad también camina gracias a
nosotros, aunque, por otra parte, la nuestra sea muchas veces una profesión en
la que se pierde todos los días, porque hay, además de mucha incomprensión, un
estado de incomodidad permanente.
Esta incomodidad ha crecido en
los últimos años, y tiene que ver con algunas contradicciones que todos los
profesores conocemos. Creo que podemos llamarlas ruido, aunque el problema sea
ya difícil de nombrar.
Los profesores vemos cómo muchos
padres se inmiscuyen en nuestra labor docente, en concreto, en aquella que
tiene que ver con nuestro oficio y nuestro saber. Es decir, en un ámbito que no
es de su competencia. Al mismo tiempo, los padres han descuidado su área de actuación
específica, y no prestan la misma atención a lo que, si me lo permiten, llamaré
“educación” de sus hijos.
En el aula también se reproducen
de manera exponencial, quizá por la edad de los estudiantes, los problemas
sociales. Estos problemas también tienen que ver con las familias. La
fragilidad de la institución familiar, por ejemplo, ha tenido terribles consecuencias
para los chavales, aunque haya quien se contente con reducirlas al mero ámbito
del fracaso escolar.
También es palpable la
infiltración de las ideologías y del Estado en nuestras aulas, que viola la
independencia de los profesores e incluso la de tantos padres decididos a ser
ellos quienes eduquen a sus hijos. En este sentido, no puedo dejar de recordar
a Juan Vázquez de Mella, que señalaba una contradicción flagrante en la acción
del Estado sobre la educación: “Ese Estado, que comienza asegurando no conocer
nada, que nada sabe de los grandes problemas que al hombre y a la sociedad se
refieren; él, que no admite ningún principio fijo, ni religioso, ni moral, ni
jurídico, él, se convierte en pedagogo, monopoliza la enseñanza y no consiente
que nadie comparta con él esa tarea”.
El capitalismo, la doctrina
económica más extendida en nuestra sociedad, la verdaderamente rectora, ha
orientado a los colegios hacia el mercado y ha extendido a ellos el principio
de competencia, una guerra a muerte, sin reglas, por el cliente, que siempre
tiene la razón. Algunos de ellos desaparecerán en los próximos años, incapaces
de satisfacer unas demandas quizá muy pregonadas, pero no siempre de acuerdo
con los fines de un colegio.
Las propias demandas de los padres,
fijadas por el mercado, guían la acción de todos los miembros de la comunidad
educativa. ¿Quién establece realmente el currículo? Los colegios lo han
orientado hacia el mercado y cada vez está más presente el objetivo de preparar
a los estudiantes para un futuro exclusivamente laboral que, dicho sea de paso –y,
como se dice, “en un mundo cada vez más cambiante”- es imposible de predecir. De
esta manera, asignaturas como el inglés o aquellas consideradas “útiles” ganan
terreno frente a otras como la Filosofía o la Plástica. Los propios defensores
de estas asignaturas minusvaloradas recurren a argumentos utilitaristas.
El profesor trabaja pues, en medio
de muchas contradicciones de las cuales, no podemos obviarlo, también es
protagonista. Los profesores también somos padres, y nos vemos afectados por el
mercado, y cedemos a sus exigencias porque también, ¿y quién no?, a veces nos
amedrenta el miedo de que nuestros hijos no tengan un futuro agradable o
nosotros mismos perdamos el trabajo con el que mantenemos a nuestras familias.
Somos, además, miembros de la sociedad y contribuyentes del Estado –y el sistema
económico- que se inmiscuye en la educación.
¿Cómo cabalgar tantas
contradicciones? En el día a día, los servimos como podemos, a veces de manera
inconsciente, en el olvido de que servimos, pero haciendo, en construcción
permanente, creciendo con nuestros alumnos, descubriendo con ellos la fuente de
la eterna juventud. Nuestros estudiantes más jóvenes continuarán memorizando la
Canción del Pirata de Espronceda, aprendiendo acerca de la reproducción del ser
humano y maravillándose de que el acueducto de Segovia siga aún en pie. El
asombro es suyo, no sólo nuestro, de los profesores, que también cometemos
muchos errores en el aula, porque somos hombres.
Sin embargo, hay problemas que
superan lo cotidiano. El ruido va en aumento: el Estado impone su ideología, el
capital –editorial, comercial, mercantil- escribe las leyes, también los pedagogos
han introducido una antropología, cada vez más extendida, que coincide con los
intereses de quienes tienen una mera concepción laboral del futuro de las
personas. No hay demasiada reflexión sobre todo esto, en un mundo tan
crepuscular como el de Blade Runner y
los replicantes. Este artículo no contribuye a desenrollar esta buena madeja,
pero quizá el primer paso sea reconocer la complejidad de todo esto. No hay tampoco
demasiada gente que se haga grandes preguntas como, por ejemplo, ¿por qué mandamos a los niños -durante algunos años obligados por el Estado- a estos lugares en donde hay tanto desorden?
Don Minervo
viernes, 28 de julio de 2017
En esto consiste el verdadero Progreso
"(...) los vivos son los protagonistas de la «Tradición» y no los antepasados muertos. Cuando hablamos de la «Tradición» de un pueblo o de una comunidad cualquiera, el papel activo está en los que la reciben, más que en los antepasados; y este protagonismo del que recibe lo que le entregan sus antepasados es decisivo para entender el sentido dinámico de la Tradición, con lo que ésta supone de Progreso. En efecto, quien acepta lo entregado por los antepasados no deja de dominarlo él, pues lo hace suyo, y no puede menos de modificarlo y mejorarlo, adaptándolo a los nuevos tiempos, y en eso consiste, precisamente, el verdadero Progreso: en la adaptación, viva porque fecunda, de lo que se toma libremente de los mayores para transmitirlo, a su vez, a los sucesores, enriquecido".
Álvaro d'Ors, "Cambio y Tradición", Verbo, 1985, p. 114.
martes, 18 de julio de 2017
La abanderada de San Fermín
![]() |
Foto: TerceraInformación |
"La margarita no sabe que estos días medio país la ha visto ondeando su bandera. Cuando le preguntamos si quiere volver a agitarla ('Ésta estuvo en la guerra', insiste), ella asiente. Y, despacito, elige la enseña, sube las escaleras de su vieja casa, sortea los baches que conoce de memoria y sale al balcón. Desde la calle la ve un chico: '¡Vivan sus cojones, señora!'. Otro: '¡Váyase a la cama!'. Y ella, levantando el pedazo de tela roja y amarilla cosido a un mástil, parece por un momento la chica de la trenza dorada, murmurando 'Viva España'".
miércoles, 7 de junio de 2017
El síndrome del día después
Por su parte, el portavoz de EH Bildu, Adolfo Araiz, ha mostrado su “respeto absoluto” a quienes participaron en la manifestación, pero ha añadido que tuvo “un doble fracaso”. Por un lado, el parlamentario abertzale ha asegurado que “si lo que estaba en juego era las esencias de Navarra, el grado de movilización fue pequeño” y, por otro lado, el portavoz ha explicado lo que él ha llamado “el síndrome del día después”. Araiz ha asegurado que tras las manifestación “las cosas no van a cambiar” y que UPN, PSN y PPN van a seguir en la oposición porque “para deshacer hace falta mucho más que la bandera gigante que abría la manifestación”. Noticia en Navarra.com

domingo, 28 de mayo de 2017
"No nos vais a impedir ser quienes somos"
En los informativos de la televisión han vuelto a hablar del atentado de Manchester. Un tipo ataviado con boina de pintor bohemio y barba descuidada contestaba a la cámara, con gesto rotundo: "No nos vais a impedir ser quienes somos". Apenas unos minutos antes los periodistas informaban de que una cámara de seguridad había captado al terrorista comprando, en un centro comercial cercano al lugar del atentado, la mochila que utilizó para esconder los explosivos. Dan que pensar este tipo de noticias. Con un gesto cotidiano como el que hemos hecho nosotros en algunas ocasiones, ir a comprar una mochila, se reconstruye la ruta de la muerte que emprendió el joven suicida. Los malvados tienen hoy la posibilidad de herir como nunca antes. No tienen poderes extraordinarios, pero su mezquindad puede ser más destructiva. Son imprevisibles. Actúan en pequeñas células, en nuestros alrededores. Hemos visto el dolor que han causado. Nos hemos acordado de un lector de este blog que vive allí. Nos hemos preguntado por qué tantos terroristas estaban vigilados por la policía y se paseaban -algunos se siguen paseando-, por las calles de Europa. Hemos visto a una madre llorar ante las cámaras mientras pedía unidad a sus vecinos. Hemos visto también a ese tipo, a un inglés al que no conocíamos de nada pero que nos ha emocionado, afirmar ante las cámaras: "No nos vais a impedir ser quienes somos".
![]() |
Foto de Mark Andrew. CC 2.0. |
miércoles, 17 de mayo de 2017
15M: un anhelo real
Hace unos días se ha cumplido un
nuevo aniversario del movimiento 15M. Aquella salida histórica a la calle de
cientos de miles de personas en ciudades de toda España fue bautizada por la
prensa internacional como la #SpanishRevolution
y se convirtió en un símbolo del malestar del pueblo español ante su sistema
político, escaso en formas participativas y con abundantes casos de corrupción.
Lemas como “Democracia Real Ya” o “No nos representan” se hicieron célebres. Muchas
personas querían participar en política para sustituir a unas instituciones
ineficientes.
El 15M se ha situado como el
origen de algunos movimientos sociales como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca
(PAH) o el partido Podemos, que trató de encauzar electoralmente a malestar por
la actuación de la clase política. Sin embargo, aquellos problemas que
denunciaban quienes salieron a la calle el 15 de mayo de 2011 no se han
solucionado. Cada semana aparecen nuevos casos de corrupción en el seno de los
partidos políticos y nuestros gobernantes son incapaces de resolver problemas
reales.
Seis años después del 15M, los
dirigentes de los partidos políticos prefieren debatir acerca del Valle de los
Caídos que hacer frente -en la medida en que les es posible- al deterioro de
las condiciones de trabajo de los españoles. En Navarra, algunos partidos se
limitan a enarbolar banderas de exportación, como la ikurriña, que lleva detrás
de sí una idea nacionalista que enfrenta a la sociedad; mientras otros se
esconden detrás de nuestra verdadera bandera, la de Navarra, para conseguir
votos, como si no hubieran entregado antes la soberanía de nuestra tierra.
Opinión carlista en un día de elecciones. |
Los carlistas pensamos que el sistema político denunciado por los manifestantes del 15M es perverso en la medida en que está tramado para favorecer a unas pequeñas élites que, lo han demostrado, no sirven a su gente. Sólo se sirven a ellos mismos. En este sentido, denunciamos que el sistema político cuenta además con cómplices (periodistas, historiadores) que han construido un relato mítico de la “Transición” que no es real y que enarbolan, como hacen con cualquier bandera que consideren apta, para vivir de un cuento que para nosotros se ha convertido ya en un relato de terror.
Los carlistas no creemos que un
pueblo pueda vivir del relato de la “Transición”. Cada uno de nosotros necesita
un sustento, comida y bebida, un trabajo digno con el que sacar adelante a una
familia. Mientras los constructores del mito de la “Transición” –proceso que para
su éxito requirió el asesinato de dos carlistas en la romería de Montejurra 76-
se llenan la boca hablando de prosperidad, el resto de españoles sufrimos
innumerables injusticias sociales en nuestro día a día.
Por eso deseamos que toda aquella
rebeldía sana que llevó a cientos de miles de españoles a salir a la calle se
encauce de manera natural, a través de multitud de entes sociales,
organizaciones de ayuda mutua, centros de cultura… hacia la construcción de una
comunidad justa. A nosotros ni nos satisface el sistema corrupto e incapaz construidos por los “padres de
la Transición” ni nos gusta –esto mucho menos- que estos mismos “padres de la
Transición” reaparezcan ahora, ya sea en persona o a través de sus partidos
políticos, a fingir la salvación de España.
A continuación incluimos una reseña que hace dos años hizo la Iniciativa Cultural Recuerdo del libro "Indignaos" de Stéphane Hessel, que fue considerado libro de cabecera del 15M.
***
“A aquellos que harán el siglo XXI, les decimos, con todo nuestro afecto:
CREAR ES RESISTIR
RESISTIR ES CREAR”
Ha sido considerado el gran manifiesto del 15M y comenzamos a leerlo para responder a la pregunta: ¿por qué nos rebelamos?
Stéphane Hessel es un disidente, un paladín de la Francia Libre que combatió contra el totalitarismo y fue testigo de grandes hechos del siglo XX tanto por su papel de diplomático (estuvo acreditado en la ONU) como por ser uno de los redactores de la Declaración de los Derechos Humanos. Con la mirada sabia que le proporciona la experiencia, nos habla de casos concretos como Gaza e Irak, pero sobre todo nos transmite la imagen, desgraciadamente real, de un mundo esclavizado por la productividad y el dinero, con la consiguiente pérdida de libertad que supone esta situación. La fuerza del manifiesto radica en que lo escribe un hombre de 93 años que ha visto muchos fracasos pero sigue confiando en la victoria del bien y cree que los jóvenes y la sociedad, comprometidos somos capaces de gestar el cambio.
Sin embargo, nos parece que faltan respuestas. El libro deja demasiadas incógnitas y aunque señala el ansia de libertad de la sociedad, echamos en falta un mayor hincapié en valores trascendentes. La indignación, la rebelión… ha de tener una raíz sólida, y Hessel no profundiza demasiado en ella. Da la impresión de que sigue creyendo en el mito del progreso indefinido, en el establecimiento de un paraíso en la tierra… y eso es imposible.
La indignación revolucionaria en sí misma tampoco es suficiente. Al menos para nosotros. No sólo porque la ira es cegadora, sino porque pensamos que las revoluciones no arreglan nada. Hay que luchar, y vamos a hacerlo, pero sin odio, con cabeza y sabiendo que las revoluciones al final no llevan más que a la sustitución de una élite por otra. Nosotros a esto nos oponemos y, afirmamos parafraseando a un amigo nuestro: “¡Frente a la revolución de la indignación, la rebelión de la alegría!”
martes, 9 de mayo de 2017
Los carlistas saldrán a la calle para defender la bandera de Navarra
Próximamente: los carlistas participarán en la manifestación vecinal del sábado 3 de junio a las 18h en defensa de la bandera de Navarra. Los carlistas llaman a sus bases a concentrar sus actividades políticas, sociales y culturales; así como sus respectivas acciones de propaganda, en la promoción de Navarra.
sábado, 8 de abril de 2017
Por un fin de ETA sin impunidad
Foto: Zarateman |
Este ocho de abril se ha puesto en marcha la búsqueda de los últimos zulos con material de ETA. Es lo que se ha llamado el desarme de ETA. La información para encontrar los depósitos, que contienen armas, munición y explosivos, la ha proporcionado la propia banda terrorista. El acto simbólico de entrega del material, mediante un inventario, se ha escenificado en el ayuntamiento de Bayona (Francia).
En estos días, suscitado por este
proceso llamado “de desarme”, víctimas del terrorismo de ETA, intelectuales y
algunos miles de personas han
firmado un manifiesto titulado “Por un fin de ETA sin impunidad”. Este
colectivo, con el que los carlistas de Navarra nos identificamos, critica que
la supuesta paz esté sometida al criterio de quienes durante décadas han
sembrado de terror nuestras calles.
La reacción al desarme de ETA
encierra, en verdad, un problema moral. Decían nuestros antiguos que no puede
haber verdadera paz sin justicia, y tenían razón. El criminal puede dejar el
arma en el lugar del crimen, junto al cadáver de su víctima, o arrojarlo a un
río cualquiera, caudaloso y sin testigos, pero esto no obsta para que los
representantes de la ley lo persigan hasta que cumpla una pena por sus
crímenes.
Dejar el crimen impune puede
ofrecer una cierta apariencia de paz. Los representantes del orden no
patrullarán las calles ni ningún vecino será molestado por periodistas. Sin
embargo, ¿quién puede vivir tranquilo en una comunidad en la que los delitos
permanecen sin pena y los criminales transitan libremente por los caminos?
En cierto momento de nuestra
literatura, el caballero manchego don Quijote le recordaba a su escudero que a
la hora de impartir justicia no debía olvidar que la misericordia era el único
motivo por el cual debía doblar su vara. Podría, quizá, apelarse en este caso al
perdón. Sin embargo, la realidad lo hace imposible. Estos criminales se mofan
de la clemencia. De antemano, mucho antes de que tuviera lugar esta farsa, ya
preparaban sus memoriales de agravios. Ahora esperan, después del teatro,
obtener privilegios. ¿Quién puede ser tan ingenuo de creer a estos lobos?
¿Quién considera derrotados a quienes, décadas después, han logrado que su
ideología se expanda hasta el punto de que aquí, en Navarra, ondean ya sus
banderas?
Recordaba Chesterton que en
nuestro mundo las virtudes cristianas se han vuelto locas. Nadie mejor que él
para describir la opinión general de los carlistas ante esta farsa de ETA. Por
eso nuestra condena más firme va dirigida no sólo a los terroristas, sino
también a quienes, siendo conscientes del teatro, se han apresurado a la
propaganda. Pocas cosas hay más ruines que abanderar la virtud para conseguir un
fin abyecto. Hipócritas son, al fin y al cabo, quienes se han dirigido
gozosamente al ayuntamiento de Bayona como para asistir a un acto histórico. Hipócritas
son, también, los individuos que bajo el sobrenombre cursi –casi burlesco- de “artesanos
de la paz” han vaciado de contenido las virtudes cristianas.
Tampoco conviene dejar pasar la oportunidad de lanzar una alerta a quienes guiados por impulsos nobles ven con buenos ojos la farsa de ETA. También parecía lleno de sublime hermosura aquel episodio en el que don Quijote galopó para liberar a los galeotes. Luego fue apedreado por ellos, liderados por un tal Ginés de Pasamonte que a nosotros, que nunca tuvimos un Quijote ilustrado y nos guiamos por las palabras de Cervantes, nos recuerda, en espíritu, a Arnaldo Otegi.
Tampoco conviene dejar pasar la oportunidad de lanzar una alerta a quienes guiados por impulsos nobles ven con buenos ojos la farsa de ETA. También parecía lleno de sublime hermosura aquel episodio en el que don Quijote galopó para liberar a los galeotes. Luego fue apedreado por ellos, liderados por un tal Ginés de Pasamonte que a nosotros, que nunca tuvimos un Quijote ilustrado y nos guiamos por las palabras de Cervantes, nos recuerda, en espíritu, a Arnaldo Otegi.
miércoles, 29 de marzo de 2017
La historia del príncipe español cautivo de los nazis

Este misterioso don Xavier,
cautivo de los nacionalsocialistas alemanes, es un príncipe español apresado
por liderar un maquis de la resistencia francesa en los alrededores de su
castillo. En las inmediaciones de Bostz, donde grandes bosques ofrecen su resguardo,
se ha puesto al frente de varios cientos de guerrilleros. Durante la primera
guerra mundial, este príncipe había luchado en el pequeño ejército de los
belgas. Su historia es desconocida, pero otros de sus leales españoles también combatieron
en las trincheras aliadas. Más de veinticinco años después, ha vuelto a empuñar
las armas.
Cuando los alemanes adquieren
conciencia de quién es su prisionero, escriben a España. El general Francisco
Franco se desentiende del asunto, pues el cautivo es un quebradero de cabeza para
sus planes políticos. Don Xavier no es otro que don Javier de Borbón-Parma, el
noble a cuya voz de mando se han alzado tres generaciones, miles de carlistas,
durante la guerra civil española. Su tío don Alfonso Carlos, el anciano rey, ha
fallecido atropellado por un camión en Viena cuando volvía de dar un paseo.
Esta muerte convierte a don Javier en regente de los carlistas, cuyos planes
para España son distintos de los del general.
Don Javier, hombre de acción cautivo,
va a vivir toda una serie de peripecias delirantes. Después de ser capturado
pasa por el campo de Struthof. Luego es trasladado a Dachau. Convertido en el
prisionero 156.270, en el más completo anonimato, padece los horrores del Lager. Allí se salva de otra muerte
segura cuando, condenado otra vez a muerte, un prisionero –posiblemente
polaco-, cambia su número destinado a la cámara de gas por el de otro preso que
ya está muerto.
Pero don Javier enferma gravemente, está otra vez al borde de la muerte.
Don Javier contrae el tifus. A punto
de morir, recibe la comunión de manos de un preso. El relato de todos estos
sucesos, estremecedor, lo proporciona el cántabro Ignacio Romero Raizábal en su
libro El prisionero de Dachau 156.270. Un
médico francés apellidado Roche y un cirujano judío salvan la vida al noble
español. Don Javier es operado –trepanación de oído- sin anestesia. Él mismo
relata la operación a Raizábal: “Como no había anestesia, me ataron fuertemente
la cabeza, las piernas y los brazos, para que no me pudiese mover. El doctor
judío, muy hábil, me operó. Me hizo ver las estrellas, pero me salvó la vida.
Después me hicieron un vendaje con papel blanco”.
Don Javier salva la vida de puro
milagro. Acabada la segunda guerra mundial, se volvió a poner al frente de sus
hombres. El carlismo se preparaba para postularse como alternativa. Setenta
años después, su nieto Carlos comenta la epopeya en
el periódico La Vanguardia: Un día le pregunté a mi abuelo si Dachau no
destruyó su fe en la humanidad... “¡Al contrario!”, me dijo.
¿Por qué?, pregunta el periodista. Don Carlos repite las palabras
de su abuelo: Cada día presencié actos de
heroísmo, los presos se ayudaban pese a la amenaza de ser ejecutados: ¡mi fe en
la humanidad creció! “Yo he heredado esa confianza de mi abuelo”, añade don
Carlos.
viernes, 10 de marzo de 2017
¿Sirve esta iniciativa para algo?
"(...) desde principio del siglo XIX, han perecido a la sombra de la bandera de Dios, Patria y Rey, en los campos de batalla, en el destierro, en los calabozos y en los hospitales..."
Hoy los carlistas estamos de fiesta. Cada diez de marzo celebramos los Mártires de la Tradición en recuerdo de los que murieron por nuestra Causa. En previsión de tal fecha, el capitán de esta compañía pidió a este redactor un pequeño artículo. La tentación ha sido componer algún tipo de salmodia de batallas y hechos alucinantes, o, cuando menos, un homenaje rotundo a algún personaje de nuestra dilatada historia. Sin embargo, dado que hoy es nuestra fiesta, este redactor se ha permitido lanzar un guante a quienes, como él, celebran a sus muertos. Hoy esta página recoge un texto para los carlistas.
El carlista común sigue este blog con
algún tipo de expectativa. Quizá porque este altavoz de los Carlistas de Navarra mantiene un tono
diferente. Aunque somos pocos, y no estamos registrados, ni tenemos “Reinos” ni
“Federaciones”, ni “Partidos” ni “Comuniones”, hemos articulado un proyecto carlista
basado en tres pilares: convivencia, barrio y actitud.
En torno a nuestras propuestas pretendemos ahora abrir un debate.
Los Carlistas de Navarra, a pesar de que la leyenda nos caracteriza
como mitad ogros mitad trabucaires, valoramos la convivencia. Mucha gente
elogia ideales de tolerancia y consenso, pero nosotros hemos visto que, en realidad,
no hay demasiado de esto en la calle. Es como si alguien quisiera enfrentarnos
a todos, incluso a los carlistas, que somos pocos y estamos en invierno.
Ante esta realidad, nosotros nos
juntamos, hablamos de nuestras cosas, criticamos y alabamos, y tratamos de
elaborar las respuestas constructivas que consideramos necesarias en una
sociedad tan quebrada por el odio. Se trata de una con-vivencia basada en ideales
compartidos, el respeto mutuo y las hazañas de cada cual, como en el poema de
Calderón dedicado a la milicia: “porque aquí a lo que sospecho / no adorna el
vestido el pecho / que el pecho adorna al vestido”.
Nos organizamos a nivel de barrio.
Entre otras cosas, nos importa lo que sucede en los barrios de Pamplona porque
vivimos en ellos. Esto puede parecer una obviedad, pero hace falta recordarlo
de vez en cuando. En torno a nuestros barrios, y velando por su salud, hemos presentado
algunos textos en prensa. Como formamos parte de un mismo municipio, también
tenemos recogidas propuestas municipales.
Asumimos un poco la misión de
mirar a nuestro alrededor, pensar sobre lo que vemos y hacer sugerencias. Tenemos mucho de núcleo de reflexión, esta es nuestra manera de practicar el
Carlismo. La actitud reflexiva enriquece bastante al grupo. Nos cuestionamos las cosas y tratamos de salir al paso de problemas
actuales.
Sin embargo, no somos un grupo de
pensadores. Somos más bien un grupillo de personas que practican amores y
lealtades. Esto nos cohesiona bastante. Creemos en la Redención, tenemos un interés
sincero por las ideas de don Carlos de Borbón-Parma y compartimos un sano
escepticismo hacia un montón de formas de derrota. Estas lealtades se concretan en las acciones que hemos realizado en dos años de iniciativa.
Hoy, diez de marzo, nos planteamos si sirve todo esto para algo. ¿Tiene sentido esta militancia concreta? Es decir, ¿estamos siguiendo, de manera correcta, los pasos de quienes dieron su vida por esta Causa?
Entre los carlistas esto se habla
mucho. Más o menos, tenemos todos bastante claro que estamos llamados a disolvernos
en la sociedad. No en un sentido negativo, sino como aquellos carlistas que,
después de poner en marcha las Javieradas, dejaron que la vida las regalara al
pueblo de Navarra. El problema es, ¿cómo seguir disolviéndose?
Algunas personas han optado por
dejar de lado las estructuras propiamente carlistas y están en partidos,
asociaciones, círculos culturales. Son abiertamente carlistas, pero ven más
beneficioso para la sociedad su trabajo concreto en estos lugares. Nosotros,
sin dejar de lado esta opción, nos juntamos de vez en cuando bajo el paraguas
de Carlistas de Navarra para
reflexionar y actuar directamente “en carlista”. Estamos convencidos de que de pequeños
núcleos similares pueden salir ideas muy buenas.
De hecho, vuelven a tenerse en
cuenta hoy valores como la cooperación y el autogobierno que los carlistas
llevamos muchos años concretando. Se buscan en el extranjero ideales que nosotros
hemos mantenido, como el patriotismo y la garantía monárquica. Incluso algunas
personas, tratando de concretar la autogestión y la subsidiariedad, creyéndose
audaces descubridores de realidades originalísimas, han conferido nombres
nuevos a nuestros viejos fueros.
¿Les convence la respuesta? Nosotros tenemos a disposición de quien
quiera un correo electrónico, carlistasdenavarra@gmail.com,
para que nos envíen suspicacias, opiniones, sugerencias…
jueves, 2 de marzo de 2017
Hazte Oír y Chrysallis: dos caras de la misma revolución
Los carlistas de Navarra condenamos
la intención del lobby Hazte Oír de visitar Pamplona con su propaganda. Un mes
después de que una reacción vecinal sin precedentes obligara a la asociación
Chrysallis a retirar su campaña a favor de la transexualidad de menores, Hazte
Oír ha resucitado viejos males con el fin de acaparar la atención mediática.
La táctica de Hazte Oír no es muy diferente de la de la asociación Chrysallis, que puso a Navarra en el mapa después de haber viajado a Nueva York para conseguir los dólares con los que trataron, sin éxito, de sembrar la polémica en nuestros barrios. Los lobbys se alimentan de polémicas.
La intención del lobby es convertirse en una referencia a cualquier precio, renunciando incluso a la
legítima participación política y cultural para obtener el rédito que
proporcionan a corto plazo sus maniobras provocadoras. Hazte Oír ha convertido así varias causas justas en amenazas para la convivencia vecinal.
Sin una comunidad que los respalde, ni una cultura que los impulse a la vanguardia, es propio de los lobbys alimentarse de las falacias que ideologías rivales crean y los medios vocean. Mientras el vecino comprometido reacciona para proteger a quienes ama, el lobby procura mantener con vida el ataque que sufre la familia del vecino, pues puede auparle al poder. Por supuesto, al lobby le importa muy poco que los partidarios de tal o cual ideología vivan de hacerse las víctimas, porque el lobby necesita espacio de influencia, debe atacar para seguir creciendo.
Por supuesto, a los carlistas no nos preocupa sólo que una entidad nociva pervierta una causa. Más crítico nos parece que, resucitada la polémica sobre el escenario mediático, los escasos partidarios de la ideología de género utilicen la campaña
de Hazte Oír para ridiculizar la defensa de la naturaleza humana. De esta
manera, Hazte Oír contribuye a la campaña de persecución de la infancia
iniciada por la asociación Chrysallis, que ya trató de educar a nuestros vecinos más jóvenes a través de una agencia de publicidad.
Sin una comunidad que los respalde, ni una cultura que los impulse a la vanguardia, es propio de los lobbys alimentarse de las falacias que ideologías rivales crean y los medios vocean. Mientras el vecino comprometido reacciona para proteger a quienes ama, el lobby procura mantener con vida el ataque que sufre la familia del vecino, pues puede auparle al poder. Por supuesto, al lobby le importa muy poco que los partidarios de tal o cual ideología vivan de hacerse las víctimas, porque el lobby necesita espacio de influencia, debe atacar para seguir creciendo.
Los carlistas de
Navarra defendemos que el ámbito propio de la educación de niños y jóvenes es
la familia. Por tanto, seguiremos reaccionando ante cualquier intento de violar
el legítimo derecho de los padres a educar a sus hijos. También seguiremos advirtiendo, aunque duela, de la presencia de lobos con piel de cordero dispuestos a pervertir hasta lo más sagrado.
Por último, los carlistas
queremos pedir a todos los partidos políticos y colectivos que se han
solidarizado con la propaganda a favor del transexualismo que actúen con la misma
contundencia a la hora de defender y aplicar medidas que protejan a las
familias navarras.
Los revolucionarios son profesionales de la alarma social Foto de Konstantinos Stampoulis para Wikimedia |
martes, 28 de febrero de 2017
Defensa de los historiadores
Desde hace dos semanas, cada día
asistimos en las páginas del Diario de
Noticias y de Naiz a un debate
acerca del Carlismo, promovido por socios del Ateneo Basilio Lacort. Sin embargo, sus textos, publicados en forma de tribuna y cartas al director, no son un mero ataque contra los antiguos carlistas. Entre las trampas
tendidas por los ateneístas para crear una polémica desde la nada, subyace la
nociva pretensión de poner el saber histórico al servicio de su ideología.
En realidad, el auténtico historiador
no es el ideólogo con el que cada partido se dota de un barniz cultural.
Tampoco es el fanático que busca en los archivos documentos que, sibilinamente contextualizados, apoyan su causa ideológica. Por supuesto, dista mucho de ser el
aficionado que, presa de su ignorancia, sin mala intención, juzga con
displicencia a la historia y sus protagonistas.
El historiador es un hombre poseído
de una vocación humanista. Sabe lo suficiente acerca del ser humano como para
respetar el pasado. Vive consagrado a su estudio. Interviene en congresos y
foros académicos, participa en publicaciones científicas y escribe libros que
arrojan luz sobre un período determinado de la historia. A veces ejerce la
docencia sobre aquello que conoce. En ocasiones colabora también en los
periódicos, ya sea mediante páginas o tribunas dedicadas a la historia.
En nuestro tiempo, el historiador
tiene algo de rebelde, pero no porque utilice la historia como arma, sino
porque está en guerra continua contra los escépticos que niegan la posibilidad
de conocer el pasado. Tampoco se puede desdeñar su vocación de aventurero
metido en mil barros para rescatar la verdad. La dificultad de este trabajo le
exige una rigurosa preparación.
Por supuesto, el historiador
puede pertenecer a un partido, o profesar una ideología. Sin embargo, su
respeto por el pasado le obliga a dejar sus preferencias en la puerta del
archivo. En realidad, no hay historia carlista o anti-carlista, abertzale o
españolista. Existe, parafraseando a Juan Pablo Fusi, buena o mala Historia.
lunes, 23 de enero de 2017
"Nosotros, los carlistas, debemos seguir en la lucha"
Carlos Javier de Borbón-Parma ha enviado un comunicado en el que vuelve a asumir su condición de líder de los carlistas. Don Carlos llama a sus seguidores a cumplir con el deber de ofrecer un cambio profundo a los problemas sociales y políticos.
Actualizar el bien común
Carlos Javier de Borbón-Parma convoca a los carlistas para seguir en combate porque están en juego “la naturaleza, la paz y la justicia”. Don Carlos propone una reacción que desde la base de la sociedad afecte a las altas esferas políticas. De esta manera, manifiesta su intención de darle un sentido al “bien común” desde el ámbito local, sin perder la referencia universal.
Don Carlos invita a asumir responsabilidades de cara a las generaciones futuras, de manera concreta. Esta respuesta responsable, basada en “la participación inteligente, activa y crítica de los ciudadanos”, exige también, según don Carlos, instituciones sólidas.
El príncipe de la ecología
Con su sensibilidad habitual hacia la ecología, tema recurrente en sus manifiestos, don Carlos señala que el cambio climático no es sólo una evidencia científica: es también un grave peligro para el planeta como “casa común” y, en concreto, para la península ibérica.
Carlos Javier de Borbón-Parma augura un horizonte político difícil, con “guerras terribles” en el mundo por el control político de los recursos naturales. Don Carlos, en la línea carlista de intransigencia con la injusticia, ha profundizado en sus planteamientos ecologistas al señalar que la desidia de todos tiene su efecto en los más pobres, que sufren de manera más virulenta los efectos del “desprecio a la naturaleza”.
Don Carlos propone en su manifiesto algunas soluciones concretas: “Hay que vivir racionalmente, usando una fuente de energía limpia, moderando el uso de recursos naturales, como el agua, luchando contra los abusos y la malversación de unos bienes que son limitados”.
Una tradición de siglos
Don Carlos Javier de Borbón-Parma ha recordado en su texto a los carlistas la exigencia de vivir sus tradiciones seculares. Así, ha enlazado su discurso con la festividad de la monarquía tradicional, instituida por Carlos VII y celebrada por carlistas de todas las Españas. Tampoco ha pasado por alto la oportunidad de recordar el reciente bautizo de su hijo, Carlos Enrique, en Barcelona. De esta manera, enlaza el pasado, el presente y el futuro de un movimiento que aspira a plantear una alternativa a la crisis provocada por sus enemigos tradicionales.
Actualizar el bien común
Carlos Javier de Borbón-Parma convoca a los carlistas para seguir en combate porque están en juego “la naturaleza, la paz y la justicia”. Don Carlos propone una reacción que desde la base de la sociedad afecte a las altas esferas políticas. De esta manera, manifiesta su intención de darle un sentido al “bien común” desde el ámbito local, sin perder la referencia universal.
Don Carlos invita a asumir responsabilidades de cara a las generaciones futuras, de manera concreta. Esta respuesta responsable, basada en “la participación inteligente, activa y crítica de los ciudadanos”, exige también, según don Carlos, instituciones sólidas.
El príncipe de la ecología
Con su sensibilidad habitual hacia la ecología, tema recurrente en sus manifiestos, don Carlos señala que el cambio climático no es sólo una evidencia científica: es también un grave peligro para el planeta como “casa común” y, en concreto, para la península ibérica.
Carlos Javier de Borbón-Parma augura un horizonte político difícil, con “guerras terribles” en el mundo por el control político de los recursos naturales. Don Carlos, en la línea carlista de intransigencia con la injusticia, ha profundizado en sus planteamientos ecologistas al señalar que la desidia de todos tiene su efecto en los más pobres, que sufren de manera más virulenta los efectos del “desprecio a la naturaleza”.
Don Carlos propone en su manifiesto algunas soluciones concretas: “Hay que vivir racionalmente, usando una fuente de energía limpia, moderando el uso de recursos naturales, como el agua, luchando contra los abusos y la malversación de unos bienes que son limitados”.
Una tradición de siglos
Don Carlos Javier de Borbón-Parma ha recordado en su texto a los carlistas la exigencia de vivir sus tradiciones seculares. Así, ha enlazado su discurso con la festividad de la monarquía tradicional, instituida por Carlos VII y celebrada por carlistas de todas las Españas. Tampoco ha pasado por alto la oportunidad de recordar el reciente bautizo de su hijo, Carlos Enrique, en Barcelona. De esta manera, enlaza el pasado, el presente y el futuro de un movimiento que aspira a plantear una alternativa a la crisis provocada por sus enemigos tradicionales.
lunes, 16 de enero de 2017
Navarra en el mapa
Este lunes los grupos políticos del Parlamento de Navarra, con la excepción del PP, han apoyado la campaña a favor de la transexualidad de menores organizada por la asociación Chrysallis. El PP se ha abstenido, aunque Ana Beltrán, su portavoz, ha defendido la causa transexual y ha afirmado que la campaña podría haberse realizado de otra manera.
Los carlistas de Navarra queremos señalar este nuevo caso de unanimidad entre las fuerzas políticas del arco parlamentario. En un asunto verdaderamente esencial, la ideología de género, todos los partidos políticos con representación parlamentaria coinciden. Sería deseable que mostraran la misma coincidencia a la hora de aplicar medidas que promuevan y protejan a las familias navarras.
Además, no hay sólo una misma identidad ideológica entre los partidos. Han vuelto a demostrar que siguen muy alejados de sus votantes. En los últimos días hemos vivido una campaña vecinal sin precedentes que ha logrado la retirada de la propaganda de Chrysallis. Los partidos políticos con escaño han optado por criminalizar a quienes se han atrevido a disentir. Es la misma estrategia seguida para evitar resolver problemas como el del paro. La culpa siempre es de los demás, de tal o cual partido, de tal o cual empresario.
Vale la pena señalar también el silencio mediático, a pesar del empuje de tanta gente corriente. El silencio ha sido quebrado por pequeñas excepciones. Los medios de comunicación mayoritarios -prensa, digitales, radio, televisión- no apoyan directamente la campaña de Chrysallis, pero introducen la ideología de género de manera sibilina a través de contenidos políticos, sociales y culturales.
Por último, los carlistas de por aquí queremos mandar un afectuoso saludo al muchacho que en Nueva York, después de haber gastado treinta mil dólares en la campaña de Chrysallis, busca ahora Navarra en el mapa. Diríase que somos galos, pero no, somos navarros. Sin druidas ni pociones.
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